Aunque el 99% de las metas hablan de cobertura, más de 14 millones de colombianos sufren por un servicio inestable que frena el desarrollo de sus familias y negocios.
Por: Paulina Arango M.
La ilusión de la cobertura frente a la realidad de los barrios y veredas
Santiago de Cali, 29 de octubre de 2026- Durante años nos han vendido la idea de que poner un cable y un medidor en la pared de una casa es equivalente a llevar progreso y desarrollo. Sin embargo, la vida diaria en los territorios demuestra algo muy distinto: hoy en Colombia, 13 de cada 100 personas (alrededor de 7 millones de colombianos) viven atrapadas en la pobreza energética, mientras que otros 7 millones están a un paso de caer en ella. De nada sirve celebrar que un hogar tenga un contador instalado si la energía que llega no alcanza para cocinar con tranquilidad, no ayuda a aliviar las tareas de la casa ni permite impulsar un negocio familiar.
Cuando la luz va y viene
El reto principal ya no es solo lograr que los cables lleguen a los lugares más alejados, sino que la luz de verdad funcione sin interrupciones. Según los datos del Índice Multidimensional de Pobreza Energética (IMPE), más de 11 millones de personas viven en municipios donde la corriente eléctrica es de pésima calidad. No hablamos de que la luz se vaya un par de minutos, sino de un problema grave y constante: cada vez que la energía falla, los pequeños comerciantes pierden sus ventas, la comida de las familias se daña en la nevera y las comunidades ven frenadas sus ganas de salir adelante.
Tener luz es mucho más que pagar la factura
Para entender qué tan profunda es esta situación, debemos dejar de pensar que la energía es solo un número en el recibo a fin de mes. El estudio del IMPE mide este problema analizando 15 aspectos clave en la vida de la gente, divididos en cuatro áreas fundamentales: si la luz es buena y constante, si la vivienda permite ahorrar tiempo en los labores del hogar, si hay conexión para estudiar o comunicarse, y si el barrio o vereda cuenta con servicios básicos para vivir bien. Cuando la luz falta, los niños no pueden hacer sus tareas escolares en internet, el trabajo del hogar se vuelve mucho más pesado y las comunidades quedan desconectadas del resto del país.
El clima y las fallas del sistema: una amenaza para las familias
Aunque en algunas zonas se han logrado avances con el internet y la conectividad, estos progresos están en riesgo constante. Fenómenos climáticos como El Niño, los temblores o los problemas en las redes de energía ponen contra las cuerdas al sistema del país. Esto significa que las familias más humildes están siempre en peligro de volver a quedarse a oscuras o sin energía suficiente para sus vidas diarias, justo cuando más necesitan estabilidad y apoyo para salir adelante.
Necesitamos energía estable y pagable, no promesas en el papel
Por estas razones, las decisiones del Gobierno y de las empresas privadas no pueden quedarse en mostrar cifras bonitas sobre cuántos medidores nuevos instalaron. El verdadero compromiso con la gente es llevar recursos a los lugares más golpeados para que el servicio sea continuo, de buena calidad y con precios que las familias puedan pagar. Instalar cables sin garantizar que la luz no se vaya es hacer una promesa a medias; la energía debe ser una ayuda para trabajar, estudiar y vivir con tranquilidad, no un dolor de cabeza diario.
El costo de mantener a media Colombia a media luz
Como comunidad, debemos levantarnos y exigir con firmeza: contar con energía constante y digna no puede ser un lujo de unos pocos barrios o ciudades, ni depender de si llueve o hace calor. De cara al año 2030, el verdadero éxito de Colombia no se medirá en cuántos papeles firmados certifiquen nuevas redes, sino en si fuimos capaces de garantizar que ninguna familia vuelva a sufrir por un servicio deficiente. La pregunta que debemos hacernos todos ya no es cuánto cuesta mejorar la red de energía, sino cuánto nos seguirá costando como sociedad mantener a la mitad del país viviendo a media luz.

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