La intervención de EE. UU. en Venezuela divide a líderes mundiales, desafía el derecho internacional y reconfigura la estabilidad hemisférica
Un anuncio sin precedentes
Washington, D.C., enero 3 de 2026. En una rueda de prensa histórica desde Mar‑a‑Lago, Florida, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentó su versión oficial sobre la captura de Nicolás Maduro y delineó un controvertido plan para el futuro de Venezuela, incluyendo el control de sus recursos energéticos. Las declaraciones generaron un intenso debate internacional sobre soberanía, legalidad y dinámicas de poder en América Latina, despertando preocupación sobre los límites del poder estadounidense en el hemisferio.
Trump califica la operación como un “éxito histórico”
Trump describió la intervención militar como un triunfo estratégico, justificando que era necesaria para combatir el narcotráfico y desmantelar un “régimen criminal”. Según el mandatario, la operación se ejecutó con precisión y coordinación de las fuerzas estadounidenses, culminando con la detención de Maduro y su esposa y su traslado fuera de Venezuela. El presidente enfatizó que la acción responde a acusaciones de narcoterrorismo y corrupción, consolidando una narrativa de legitimidad sobre la intervención estadounidense en el país sudamericano.
“Gobernar y recuperar lo perdido”: intención declarada de Trump
En un paso más allá, Trump planteó la necesidad de un rol prolongado de Estados Unidos en la política y economía venezolana, incluyendo la gestión directa del sector petrolero, con el argumento de recuperar recursos supuestamente “robados”. El mandatario mencionó la retención de millones de barriles de petróleo y la coordinación con empresas estadounidenses, reflejando una visión expansionista de intereses estratégicos. Esta declaración genera alarma sobre los riesgos de una mayor intervención económica y política en la región y sus posibles efectos en la estabilidad hemisférica.
Un discurso que desafía el derecho internacional
Las palabras de Trump, que implican intervenir directamente en la gobernanza y los recursos de un Estado soberano, han sido calificadas por expertos como una ruptura con el derecho internacional. Este enfoque provoca alarma diplomática y obliga a cuestionar los límites del poder hegemónico estadounidense en América Latina. Al asumir un papel activo en la política interna y la administración de recursos naturales, el discurso de Trump desafía décadas de prácticas multilaterales y establece un precedente que podría redefinir las relaciones internacionales y la estabilidad regional.
Reacciones internacionales y riesgos para la estabilidad hemisférica
La rueda de prensa tuvo eco inmediato en capitales y foros globales. En Francia, el presidente Emmanuel Macron y el ministro de Asuntos Exteriores Jean‑Noël Barrot afirmaron que la operación “viola el principio de no uso de la fuerza y amenaza los fundamentos del derecho internacional”. Desde Alemania, el presidente Frank‑Walter Steinmeier urgió a priorizar soluciones políticas pacíficas. En China, el Ministerio de Relaciones Exteriores calificó la intervención como una violación de la soberanía venezolana, mientras que Rusia la describió como una “agresión militar”. En América Latina, líderes como Gabriel Boric (Chile) y Claudia Sheinbaum (México) hicieron un llamado al diálogo y al respeto del derecho internacional. Aunque sectores de EE. UU. celebran la operación, expertos advierten que podría desbordar la política regional y debilitar el marco legal global, generando un precedente peligroso para la soberanía de los Estados en el hemisferio.
Implicaciones estratégicas para Venezuela y América Latina
El discurso de Donald Trump tras la captura de Maduro no puede interpretarse como retórica política: representa una declaración de intenciones con consecuencias concretas para Venezuela, América Latina y el orden internacional. La situación trasciende la detención de un líder: plantea la redefinición de soberanías, cuestiona los alcances del poder global y obliga a las naciones latinoamericanas a decidir cómo responder en un escenario donde las normas tradicionales parecen perder fuerza. Este momento exige una reflexión crítica sobre el modelo de convivencia internacional que se busca construir y si la soberanía seguirá siendo un principio inquebrantable o un concepto en disputa dentro del sistema global.




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