Movilidad y Espacio Público en 2026: Una Apuesta por el Respeto Ciudadano frente al Caos del Mal Parqueo
Caminar por Cali se ha convertido, para muchos, en una carrera de obstáculos. Entre andenes invadidos y bahías improvisadas, la ciudad enfrenta una crisis silenciosa de concurrencia y respeto. No se trata solo de metal bloqueando el paso, sino de una desconexión con el derecho del otro. Ante este panorama, la Secretaría de Movilidad ha intensificado el uso de cepos como una herramienta de ordenamiento, registrando ya 60 inmovilizaciones en lo que va de 2026. Esta medida no es un capricho administrativo, es el síntoma de una urbe que intenta desesperadamente recuperar su flujo vital y proteger al eslabón más débil de la cadena: el peatón.
Más que una Multa, un Freno a la Indiferencia Colectiva
El uso del cepo en sectores como Granada, El Peñón y el Aguacatal trasciende la sanción económica; funciona como un recordatorio visual de que el espacio público es sagrado. Al instalar estos dispositivos, la autoridad vial no solo inmoviliza un motor, sino que detiene la narrativa de que "parquear un segundito" no afecta a nadie. En una ciudad que aspira a la modernidad, el respeto por las zonas no autorizadas es el primer paso para garantizar que personas con movilidad reducida y adultos mayores recuperen su derecho a transitar sin riesgos. La persistencia de esta medida confirma que el orden no es negociable si queremos una Cali caminable.
La Escucha Ciudadana como Motor del Cambio Vial
Un aspecto diferenciador de esta estrategia en 2026 es la respuesta activa a las denuncias de la comunidad. Ya no se trata únicamente de operativos aleatorios, sino de una presencia institucional que acude allí donde el vecino se siente desplazado por el vehículo. Esta sinergia entre la ciudadanía que reporta y la autoridad que actúa permite atacar los puntos críticos de reincidencia en el norte y centro de la capital. La movilidad, entendida desde una dimensión social, deja de ser un problema de "tránsito" para convertirse en un ejercicio de convivencia urbana y control territorial efectivo.
El Reto Ético de Conducir en una Urbe Saturada
Si bien el subsecretario Luis Fernando Escobar define el cepo como una herramienta pedagógica, la verdadera lección debe aprenderse antes de apagar el motor en el lugar equivocado. La pregunta que como sociedad debemos hacernos es: ¿por qué necesitamos la coacción de un candado para cumplir lo básico? La seguridad vial no depende exclusivamente de los agentes de tránsito, sino de un compromiso ético del conductor. Cada cepo instalado representa una oportunidad perdida de civismo, pero también una victoria para el peatón que, por fin, encuentra su camino despejado.
Hacia una Cultura de la Responsabilidad Compartida
Finalmente, recuperar Cali exige una mirada crítica sobre nuestros propios hábitos detrás del volante. La infraestructura de la ciudad tiene límites físicos, pero nuestra capacidad de adaptación y respeto debe ser ilimitada. Seguir los canales de atención y respetar las normas no es un acto de sumisión al Estado, sino un gesto de solidaridad con el entorno. Solo cuando entendamos que el bienestar común prima sobre la comodidad individual del parqueo rápido, podremos hablar de una movilidad verdaderamente inteligente y humana.

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