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Mercado Campesino en La Unión y Sevilla: Dónde, cuándo y por qué apoyar a 180 productores del Valle

Conoce los horarios, ubicaciones y municipios participantes en la gran jornada agroecológica que busca eliminar intermediarios y garantizar precios justos

Mercado Campesino en La Unión y Sevilla: Dónde, cuándo y por qué apoyar a 180 productores del Valle
     Foto: Cortesía Mercado campesino 


Por: Paulina Arango M

Región-23 octubre del 2026. El próximo sábado 24 de octubre, las plazas principales de La Unión y Sevilla dejarán de ser simples puntos de paso para convertirse en el epicentro de una transformación económica y social profunda. Cerca de 180 familias campesinas, provenientes de 14 municipios vallecaucanos, se congregarán dentro del programa Valle Agro de la Gobernación del Valle para comercializar directamente más de 2.500 kilos de alimentos frescos. Este ejercicio supera la mera transacción mercantil: representa una respuesta contundente a la intermediación comercial que, históricamente, ha sacrificado la ganancia del cultivador y encarecido la canasta básica de los hogares de la región.

La distribución logística evidencia la escala y articulación del territorio. En el Parque Principal 'Argemiro Escobar' de La Unión, 90 productores de localidades como Dagua, Tuluá, Toro, Roldanillo, Obando, Bolívar, Argelia y Ansermanuevo ofrecerán cerca de 1.300 kilos de hortalizas, frutas y verduras. Simultáneamente, el Parque Uribe de Sevilla congregará a otras 90 familias agricultoras procedentes de Bugalagrande, Caicedonia, Andalucía y zonas aledañas, quienes pondrán a disposición de la comunidad 1.200 kilos de cosechas locales. Tal como lo destacó Ángela Reyes, secretaria de Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca del departamento, estas jornadas garantizan precios equitativos al eliminar los eslabones especulativos de la cadena de suministro.

Este encuentro cobra un matiz de especial relevancia al enmarcarse en la conmemoración del Día de la Mujer Rural. En el escenario de Sevilla, conocido tradicionalmente como el 'Balcón del Valle', se rendirá un homenaje a más de 25 productoras agroecológicas. Ellas no solo representan el pilar fundamental del trabajo de la tierra en la región, sino que lideran la transición hacia métodos de cultivo sostenibles que preservan los ecosistemas, cuidan las fuentes hídricas y aseguran la disponibilidad de alimentos limpios para las presentes y futuras generaciones.

Analizar esta coyuntura desde una perspectiva territorial nos exige entender que el desarrollo rural no se mide en subsidios, sino en autonomía. Durante décadas, el campesinado vallecaucano ha absorbido el impacto de la inflación de insumos, la variabilidad climática y el abandono de las vías terciarias. Que hoy sean las propias comunidades rurales las que abastezcan de forma directa a los centros urbanos demuestra una resiliencia estructural que merece algo más que reconocimiento simbólico: requiere circuitos comerciales permanentes, infraestructura adecuada e inversión pública sostenida.

Comprar en estos espacios trasciende la buena voluntad ciudadana; es una decisión política consciente en favor de la soberanía alimentaria. Cada kilo de alimentos adquirido directamente al agricultor fortalece las finanzas de las economías locales, reduce la huella de carbono asociada al transporte masivo de carga y garantiza un consumo más ético y nutricionalmente superior. Como sociedad, no podemos seguir percibiendo al campo como un simple proveedor de materia prima, sino como el tejido social que sostiene la vida urbana.

 El compromiso colectivo con la tierra

Como comunidad regional, debemos comprender que apoyar al campesinado no es un acto de caridad, sino un deber ético y una necesidad estratégica. Mientras las grandes cadenas de distribución homogenizan el consumo y condicionan los precios, los mercados campesinos nos devuelven la dignidad del origen y la equidad comercial. La verdadera reconstrucción del Valle del Cauca no se logra únicamente desde los escritorios institucionales, sino en la medida en que los ciudadanos reconozcamos en el trabajo rural el pilar indispensable de nuestro futuro colectivo. Defender la tierra y a quienes la cultivan es, en última instancia, defender nuestra propia subsistencia.

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