La millonaria inversión en tecnología militar plantea preguntas sobre seguridad, transparencia y prioridades fiscales en Colombia.
Por : Paulina Arango M | Cali, Bogotá, diciembre 30.
Una señal política contundente
La orden del presidente Gustavo Petro de priorizar la compra de un sistema antidrones por $13 billones marca un punto de inflexión en la agenda de seguridad y defensa del país. Más allá del anuncio, la magnitud del monto y el carácter prioritario de la decisión envían un mensaje político claro: el control del espacio aéreo frente a nuevas amenazas se convierte en una apuesta central del Gobierno, con implicaciones que trascienden lo militar.
Drones y nuevas formas de violencia
En los últimos años, los drones han dejado de ser herramientas recreativas para convertirse en instrumentos usados por redes criminales y actores armados. Desde vigilancia ilegal hasta transporte de explosivos o contrabando, su uso plantea retos que los sistemas tradicionales no siempre logran contener. Bajo este escenario, la compra de un sistema antidrones aparece como una respuesta tecnológica a una amenaza real, aunque todavía poco debatida en el espacio público.
$13 billones: el tamaño del mensaje fiscal
El valor anunciado —$13 billones de pesos— no es un detalle menor. Representa una de las inversiones más altas en tecnología de defensa de los últimos años y obliga a preguntarse por las prioridades del gasto público. En un país con brechas sociales persistentes, el debate no es solo técnico, sino político: ¿cómo se justifica esta inversión frente a otras urgencias nacionales?, ¿qué resultados concretos se esperan?
Priorizar no es solo comprar: transparencia y control
Cuando el Ejecutivo habla de “priorizar”, también debería hablar de criterios, tiempos y controles. La experiencia colombiana demuestra que los grandes contratos en defensa requieren máxima transparencia, vigilancia ciudadana y claridad sobre los beneficios reales del sistema adquirido. La discusión no puede limitarse a la necesidad del equipo, sino a cómo se compra, a quién y bajo qué condiciones.
Seguridad tecnológica y soberanía
Un sistema antidrones no es solo hardware: implica dependencia tecnológica, entrenamiento, mantenimiento y, en muchos casos, proveedores internacionales. Aquí surge otra pregunta clave: ¿esta inversión fortalece la soberanía tecnológica del país o la profundiza en manos externas? El debate es estratégico y de largo plazo, especialmente en un contexto global de tensiones geopolíticas y control de datos.
Una decisión que exige debate público informado
Como sociedad, estamos llamados a mirar esta decisión más allá del titular. La priorización ordenada por el presidente Petro abre un debate legítimo sobre seguridad, gasto y modelo de Estado. No se trata de estar a favor o en contra de un sistema antidrones, sino de exigir argumentos, información y participación. Solo así una inversión de este tamaño podrá sostenerse no solo en el presupuesto, sino en la confianza pública.

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