De la dependencia a la despensa: un giro estratégico en la soberanía alimentaria
Foto: Comunicaciones gobernación del Valle del Cauca
Redacción Rmc Noticias
Santiago de Cali, enero 28 del 2026. El Valle del Cauca ha decidido enfrentar una realidad incómoda: a pesar de su fertilidad, el 95 % de la papa que llega a los platos vallecaucanos recorre cientos de kilómetros desde Nariño, Cauca o Cundinamarca. Esta dependencia no solo encarece los costos por el transporte, sino que vulnera la seguridad alimentaria regional. En un encuentro histórico con más de mil productores, la gobernadora Dilian Francisca Toro trazó una hoja de ruta clara para transformar este escenario. La meta es ambiciosa pero necesaria: reducir el déficit alimentario, que ya ha bajado un 7%, y convertir a los pequeños cultivadores en auténticos empresarios del campo capaces de competir en mercados nacionales e internacionales.
Tecnología y comercialización: las armas contra el olvido rural
La estrategia no se limita a entregar semillas; el enfoque actual apuesta por la asistencia técnica integral y la transformación industrial. Con el fortalecimiento de zonas clave como Barragán, en Tuluá, se busca que el campesino no solo siembre, sino que añada valor a su producto mediante maquinaria de lavado y procesamiento de alta calidad. El gran diferencial de este año es la alianza con entidades como Cab y Trulab a través de la Comercializadora del Valle. Este modelo pretende romper las cadenas de intermediación que históricamente han asfixiado al productor, garantizando que la rentabilidad se quede en las manos de quien trabaja la tierra y no en los eslabones de la logística.
El rostro humano detrás de la hectárea: historias de resiliencia
Para productores como Derly Obregón, de Robles, Jamundí, y César Hernández, de Versalles, estas políticas representan mucho más que cifras macroeconómicas; son la posibilidad real de estabilidad para sus familias. La expansión hacia cultivos como el plátano y la papa bajo el Plan Integral Frutícola permite que comunidades que antes producían solo para el autoconsumo hoy proyecten excedentes para la exportación. La clave reside en la industrialización rural, donde la tecnología aplicada permite que productos vallecaucanos cumplan con estándares internacionales, mejorando directamente la calidad de vida en municipios que han dependido históricamente de economías volátiles.
Un Valle que siembra su propio futuro económico
El impacto de estas medidas se mide en la diversificación del paisaje agrícola. Actualmente, unas 700 hectáreas están bajo este radar de fortalecimiento, beneficiando a cerca de 3.000 campesinos. La visión de "Soberanía Alimentaria Paraíso de Todos" busca aprovechar que el departamento importa el 60 % de sus alimentos, una cifra que representa una oportunidad de mercado interna masiva. Al fomentar que lo que se consume en Cali, Palmira o Buenaventura sea cosechado en sus propios municipios, se genera un círculo virtuoso de economía circular que protege al consumidor de la inflación externa y al productor de la incertidumbre climática o de bloqueos en las vías nacionales.
El desafío de dignificar el surco
Más allá de los anuncios gubernamentales, el Valle del Cauca se encuentra ante un espejo: ¿por qué un departamento con tal potencial hídrico y de suelos ha dependido tanto tiempo de afuera? La apuesta por producir nuestra propia papa es un acto de dignidad rural. No basta con sembrar; el verdadero éxito radicará en que la Comercializadora del Valle funcione con la transparencia necesaria para que el campesino deje de ser el eslabón más débil de la cadena. Es hora de entender que la seguridad alimentaria es la base de la paz social. Como ciudadanos, el reto es apoyar lo local, entendiendo que cada producto del Valle en nuestra mesa es un respaldo directo a la familia de un agricultor que ha decidido quedarse en el campo para alimentarnos a todos.

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