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El tablero de la izquierda se agita: ¿quiénes se juegan el futuro del progresismo en marzo?

Los nombres propios que buscan heredar el capital político de la Casa de Nariño


El tablero de la izquierda se agita: ¿quiénes se juegan el futuro del progresismo en marzo?
   
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Por : Paulina Arango M

Santiago de Cali, enero 27 del 2026. A medida que el calendario electoral avanza hacia el 8 de marzo, la izquierda colombiana ha comenzado a decantar sus fuerzas en una coalición que hoy se perfila bajo nombres como el "Frente por la Vida" o el "Pacto Amplio". Tras meses de especulaciones y movimientos internos, el panorama es claro: no se trata solo de elegir un candidato, sino de medir el aceite a la continuidad del proyecto político actual. En la lista de inscritos sobresalen figuras de peso como Iván Cepeda, quien llega con el impulso de haber ganado la consulta interna del Pacto Histórico en octubre; Roy Barreras, el estratega de mil batallas que busca capitalizar el voto moderado; Camilo Romero, representante de las banderas verdes y alternativas; y Daniel Quintero, el exalcalde de Medellín que apuesta por un discurso más confrontativo contra los sectores tradicionales.

Un tarjetón que mezcla experiencia legislativa y gestión regional

La composición de esta consulta no es azarosa. La presencia de Iván Cepeda simboliza la coherencia ideológica y la defensa de las reformas sociales, mientras que la inclusión de Roy Barreras (La Fuerza de la Paz) y Camilo Romero busca tender puentes hacia el centro y los sectores liberales socialdemócratas. Por otro lado, la figura de Daniel Quintero añade un componente de "rebeldía" ejecutiva que resuena en las bases urbanas. Estos nombres no solo compiten entre sí, sino que deben enfrentarse al desafío de la movilización ciudadana; los datos recientes de encuestadoras como Guarumo sugieren que, aunque el progresismo mantiene una base sólida, la capacidad de convocatoria en las urnas será el verdadero termómetro frente a la coalición de centroderecha que también medirá sus fuerzas ese mismo día.

Entre la unidad y el riesgo de la fragmentación interna

Lo que diferencia a esta consulta de ejercicios anteriores es la búsqueda de un Acuerdo Nacional mínimo antes de la primera vuelta. Los candidatos han firmado documentos programáticos donde se comprometen a proteger la propiedad privada y fortalecer los derechos laborales, intentando sacudirse los estigmas de "radicalismo". No obstante, el camino no ha estado exento de roces. La transición del nombre "Pacto Histórico" hacia un concepto más amplio como el Frente por la Vida responde a la necesidad de atraer a sectores que, aunque simpatizan con el cambio, guardan distancias con la estructura institucional del actual gobierno. Es un juego de equilibrio delicado: sumar nuevas voces sin perder la esencia que los llevó al poder en 2022.

La voz de las regiones: el factor determinante en las urnas

Más allá de los titulares en Bogotá, el éxito de estos candidatos dependerá de cómo logren conectar con la Colombia profunda. Personajes como Camilo Romero, con su arraigo en el suroccidente del país, y el trabajo de bases de senadoras como María José Pizarro (quien ha sido clave en la articulación de estas listas), son los encargados de llevar el debate a las plazas públicas. La consulta del 8 de marzo será también una prueba de fuego para las listas al Congreso, pues de la fuerza que obtengan en el legislativo dependerá la viabilidad de cualquier propuesta presidencial. El ciudadano común no solo verá nombres; verá la posibilidad de consolidar o rectificar el rumbo de las transformaciones sociales propuestas.

El poder de un voto que define identidades

Llegamos a este punto con una certeza: el 8 de marzo no será una simple jornada administrativa. La inscripción de estos candidatos representa la diversidad —y a veces la contradicción— de un sector que aprendió que para gobernar se necesita algo más que consignas. Como sociedad, nos enfrentamos a la oportunidad de evaluar propuestas con rigor, despojándonos del ruido de la polarización extrema. La verdadera pregunta que queda en el aire no es quién ganará la consulta, sino qué tipo de progresismo estamos dispuestos a respaldar. ¿Uno de consensos y transiciones pausadas, o uno de rupturas profundas? La reflexión final le pertenece al votante, quien tiene en sus manos la pluma para escribir el siguiente capítulo de nuestra historia democrática.


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