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Gasolina a nueve mil: ¿Un milagro en la frontera o el renacer de nuestra soberanía?

 La propuesta de una mega refinería en Cúcuta no es solo un plan de infraestructura; es un desafío directo a un modelo centralista que nos tiene pagando combustible a precio de oro.

Gasolina a nueve mil: ¿Un milagro en la frontera o el renacer de nuestra soberanía?
  Imagen generada por la IA

Por: Paulina Arango M

Caminar por las calles de Cúcuta es sentir el calor de una ciudad que ha aguantado todas las crisis, desde el colapso del vecino hasta el olvido del centro. Por eso, cuando el candidato Roy Barreras lanza la promesa de bajar el galón de gasolina a $9.000, el eco no es solo político, es vital. En un país donde llenar el tanque se volvió una pesadilla de $15.500, hablar de una reducción de casi el 40% suena a oasis, pero la clave no está en un subsidio mágico, sino en dejar de hacer la "bobada" de mandar nuestro crudo al otro lado del mundo para que nos lo devuelvan refinado y más caro.

La apuesta es ambiciosa y tiene nombre propio: una mega refinería fronteriza de 10 hectáreas. La lógica que plantea Barreras es tan simple que asusta que no se haya hecho antes: procesar el petróleo ahí mismo, en la puerta de entrada, eliminando los intermediarios que se quedan con la tajada del león. Al usar el crudo venezolano y transformarlo en suelo colombiano, Cúcuta dejaría de ser el patio trasero del contrabando para convertirse en el epicentro de la seguridad energética. Es, en esencia, recuperar la soberanía que perdimos entre fletes marítimos y contratos internacionales que solo benefician a unos pocos.

Pero no nos llamemos a engaños; esto no se hace solo con buena voluntad. El modelo de Asociación Público-Privada (APP) que se propone es el camino para que el Estado no cargue con todo el peso, pero también es el terreno donde la transparencia debe ser de cristal. Atraer capital para producir 100 millones de barriles mensuales bajo alivios tributarios es una jugada maestra para formalizar el empleo en una región donde el "rebusque" es la ley. Si el proyecto cuaja, Norte de Santander pasaría de ser un termómetro de crisis a ser el motor que baje el costo de vida de todo el país.

El efecto dominó es lo que realmente importa. Si la gasolina baja, el flete del arroz, la papa y la carne también debería ceder. Para el taxista que hoy trabaja media jornada solo para pagar el combustible, o para el mensajero que ve cómo su ganancia se esfuma en la estación de servicio, esta no es una discusión técnica de ingenieros; es una cuestión de supervivencia. Barreras toca la fibra más sensible: la economía del plato de comida. Proponer que Cúcuta sea el centro de esta revolución es un acto de justicia histórica para una frontera que ha puesto los muertos y la paciencia mientras Bogotá decide qué hacer.

Claro que quedan dudas en el aire: ¿permitirá la tensa geopolítica regional una alianza técnica estable? ¿Seremos capaces de construir esto sin que se convierta en otro monumento a la desidia? Lo cierto es que la propuesta desplaza el debate de las promesas vacías a las soluciones estructurales. Mientras el mundo habla de transición energética, el colombiano de a pie necesita movilidad hoy para trabajar mañana. La refinería en Cúcuta es un mensaje claro: la periferia también tiene derecho al desarrollo. Ojalá que esta vez la esperanza no se quede, como tantas veces, atrapada en la frontera.

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