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OPINIÓN | Daniel Quintero: el "estratagema" que terminó atrapado en su propio laberinto

La Registraduría le cierra el paso al exalcalde de Medellín, recordándole que en democracia las reglas no son plastilina que se moldea al antojo del caudillo de turno.

OPINIÓN | Daniel Quintero: el "estratagema" que terminó atrapado en su propio laberinto
     Foto: Portal de la silla vacia 


Por : Paulina Arango M

Santiago de Cali, enero 27 del 2026.En política, hay quienes creen que saltar de bando en bando es una muestra de astucia, pero lo que Daniel Quintero olvidó es que el derecho electoral tiene memoria. Hoy, la Registraduría Nacional le ha notificado que su nombre no estará en el tarjetón de la consulta del Frente por la Vida este 8 de marzo. Es la crónica de una inhabilitación anunciada: Quintero intentó jugar a dos bandas, inscribiéndose primero en la consulta del Pacto Histórico de octubre —donde su foto apareció y hasta sacó votos— para luego pretender que ese episodio nunca existió. La ley es clara: quien compite y pierde en una consulta, queda amarrado a ese resultado, y no puede andar por ahí buscando avales de última hora como quien cambia de camisa.

La noticia estalla en un momento donde la izquierda busca desesperadamente una cohesión que parece escapársele de las manos. Quintero, fiel a su estilo de "outsider" perseguido, alega que le están bloqueando la democracia, pero lo cierto es que sus propios cálculos le pasaron factura. La Resolución 889 de 2026 no es un capricho administrativo; es la respuesta técnica a un candidato que intentó renunciar "de palabra" sin seguir los cauces legales, dejando su inscripción en firme. Mientras sus antiguos aliados como Iván Cepeda o Camilo Romero avanzan hacia el Consejo Nacional Electoral (CNE) para ratificar sus nombres, Quintero se queda gritando desde la barrera, atrapado en el laberinto jurídico que él mismo ayudó a construir.

Aquí lo que está en juego no es solo el futuro de un político ambicioso, sino el respeto por el sistema de partidos y la lealtad electoral. ¿Qué mensaje le damos al ciudadano si permitimos que un candidato se presente a cuanta consulta quiera hasta que alguna le suene? La crítica aquí no es al color político, sino al irrespeto por las formas. Quintero ha hecho de la confrontación su marca personal, pero esta vez se estrelló contra una pared institucional que, por fortuna, parece no ceder ante la presión de los micrófonos. La política colombiana no puede seguir siendo el reino de la "jugadita" permanente donde los compromisos previos se borran con un tuit.

Para el ciudadano que camina por la calle, para el que hace la fila en el Metro de Medellín o espera el bus en Bogotá, este ruido de resoluciones y apelaciones se siente lejano, pero le afecta directamente. Nos están acostumbrando a una política de titulares y pleitos judiciales, mientras los problemas de fondo —el hambre, la inseguridad, el desempleo— se quedan sin dolientes reales. ¿Cuánta energía y recursos públicos se pierden en estas batallas de egos y argucias legales? Al final del día, el votante queda en medio de un fuego cruzado de candidatos que parecen más preocupados por salvar sus pellejos jurídicos que por proponer un país posible.

Ahora la pelota está en la cancha del CNE, ese órgano que, aunque político, tendrá que decidir si le da oxígeno a una aspiración que parece haber nacido con fecha de vencimiento. Quintero dice que esto no termina aquí, pero el tiempo y las leyes dicen lo contrario. El exalcalde debería entender que la democracia no es un juego de azar donde se puede pedir "vuelta" cuando los dados no favorecen. Si el sistema electoral permite que se burlen las consultas de esta manera, ¿qué sentido tendrá volver a las urnas? ¿Será que Daniel Quintero es realmente una víctima del sistema, o simplemente un estratega que calculó mal y se quedó sin silla cuando se apagó la música?


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