No se trata de una salida solitaria; es un batallón que espera la orden de fuego para abandonar las filas del uribismo tradicional.
Santiago de Cali, 28 de enero 2026. Si alguien cree que María Fernanda Cabal se va a fundar un partido para estar sola, no conoce cómo se mueve la política de alcantarilla en este país. Detrás de su portazo hay una fila de congresistas que, aunque hoy sonrían en las fotos de bancada, ya tienen la maleta hecha. El nombre que más suena en este ajedrez es el de José Félix Lafaurie, su esposo y presidente de Fedegán, quien no solo le da el respaldo gremial, sino que ha sido el arquitecto de las denuncias de "trampa" en las encuestas internas. Lafaurie es el puente con la tierra y el ganado, el músculo financiero y social que necesita cualquier aventura política para no nacer muerta.
En el Congreso, los ojos están puestos en figuras que comparten ese ADN de "derecha sin complejos". Aunque muchos guardan silencio por miedo a la ley de bancadas, personajes como Miguel Uribe y Paola Holguín han caminado por el filo de la navaja. Sin embargo, el verdadero botín de Cabal son los congresistas regionales, esos que ponen los votos en el Valle, Antioquia y la Costa, y que sienten que el Centro Democrático se volvió un club bogotano de "modales refinados". Para ellos, Cabal no es una radical, es la jefa que sí les garantiza que el discurso de seguridad no se va a aguar en una mesa de negociación.
La gran incógnita es Paloma Valencia. Ella ganó la encuesta, tiene el sello oficial, pero se queda con un partido fracturado. La paradoja es que muchos de los que hoy la felicitan podrían ser los mismos que mañana pidan pista en el nuevo redil de "La Leona". La escisión no solo busca personería jurídica, busca llevarse la identidad uribista pura, dejando a Paloma y a los demás con el caparazón de un partido, pero sin el alma combativa que seduce a las bases que hoy aplauden a Bukele o Milei.
No podemos olvidar a los "huerfanos del poder" y a los sectores de la reserva activa de la fuerza pública. Para muchos militares retirados y sectores ultraconservadores, Cabal es la única que no les ha fallado. Este grupo no tiene curules hoy, pero tiene una capacidad de movilización que cualquier candidato envidiaría. Si la escisión se concreta, veremos una desbandada de cuadros medios y bases regionales que dejarán al Centro Democrático como una cáscara vacía, una estructura de generales sin soldados.
Lo que estamos viendo es el nacimiento de una derecha "blue-blood" contra una derecha de "ruana y fusil". Al final, la pregunta no es quién se va con Cabal, sino quién se queda con el expresidente Uribe. ¿Será que el jefe máximo permitirá que su creación se desintegre o terminará dándole la bendición a la división para no perder influencia en ninguno de los dos bandos? En política, los divorcios a veces son la mejor forma de multiplicar los votos, aunque en el camino se lleven por delante la coherencia.

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