El fin de la prima millonaria no es solo un ahorro fiscal; es un examen de decencia para quienes pretenden representarnos este 8 de marzo.
FOTO: Comunicaciones quijote
Por: Redacción RMC Noticias
Santiago de Cali, enero 22 del 2026. Subirse a un estrado a hablar de pobreza mientras se devengan más de 50 millones de pesos mensuales no es solo una contradicción; es un insulto a la inteligencia del colombiano que madruga a estirar un salario mínimo.
Por eso, el reciente Decreto 0030 de 2026, que elimina esa "prima especial" de casi 17 millones de pesos, se siente menos como una medida administrativa y más como un acto de justicia poética. Ya era hora de que el Estado dejara de financiar una burbuja de privilegios que nos ha costado la confianza en nuestra democracia.
El Congreso y la Incapacidad de Autorregularse
Lo ha dicho con claridad Alejandro De Lima Bóhmer, candidato al Senado por el Frente Amplio Unitario (18) : el Congreso fue incapaz de autorregularse. Pedirle a un legislador que se baje el sueldo voluntariamente es una utopía.
La intervención vía decreto era el único camino ante un legislativo que ha preferido mirar hacia otro lado mientras la brecha social se ensancha. Para De Lima, esta medida expone una verdad incómoda: muchos están en la política por el botín y no por la vocación.
La Brecha de las "Dos Colombias"
La desproporción es obscena. Mientras un congresista se embolsa cifras astronómicas, el ciudadano de a pie sobrevive a una inflación que no da tregua. No podemos seguir aceptando que existan dos realidades en el mismo país:
La Colombia del privilegio: Carros blindados y gastos de representación.
La Colombia del esfuerzo: Ciudadanos que cuentan los pesos para el pasaje del bus.
El Decreto 0030 pone el dedo en la llaga al reconocer que estos salarios son un despropósito frente a la realidad nacional. Es un golpe directo a la estructura de una casta que parece habitar un país de fantasía.
Elecciones 2026: ¿Servicio Público o Negocio Rentable?
Este sacudón llega en el momento justo, a las puertas de las elecciones del 8 de marzo. La austeridad no puede ser solo un eslogan de campaña; debe ser el filtro ético para elegir a nuestros representantes.
La propuesta de figuras como De Lima Bóhmer busca separar el trigo de la paja: ¿Quiénes se quedarán en la contienda cuando el "negocio" deje de ser tan rentable? El servicio público debe estar conectado con la realidad de quienes sufren las leyes que se aprueban en el Capitolio.
"El cambio real no está en el papel firmado en Palacio, sino en el esfero de cada ciudadano este domingo de elecciones."

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