Cuatro reptiles están en el Hogar de Paso y serán reubicados en su hábitat natural; autoridades insisten en no intervenir la fauna silvestre
La imagen de una babilla asomándose en el Lago de Ciudad Jardín se volvió parte del paisaje cotidiano para muchos caleños. Pero esa escena, aunque llamativa, no corresponde al equilibrio natural del humedal. Esta semana, el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (Dagma) confirmó que un nuevo ejemplar fue retirado del sector y trasladado al Hogar de Paso, donde ya permanecen otras tres babillas bajo observación especializada.
¿Por qué retiran las babillas del Lago de la Babilla?
La decisión responde a criterios técnicos. Según explicó Andrés Posada, coordinador del Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre, estas babillas no pertenecen a ese ecosistema urbano. Su presencia puede alterar el equilibrio del humedal, afectar aves migratorias y generar riesgos tanto para otras especies como para la comunidad. Actualmente, los cuatro reptiles están en etapa de poscuarentena, en espacios controlados con agua y tierra, a la espera de su traslado definitivo —que se proyecta hacia zonas del Pacífico colombiano, donde la especie se desarrolla de forma natural.
Un humedal con múltiples especies
El Lago de Ciudad Jardín no es un escenario aislado. Allí conviven tortugas cofre, zarigüeyas, guatines, ardillas, patos y garzas, entre otras especies. Entre 2017 y 2019 fueron retiradas 12 babillas, y se estima que aún podrían quedar al menos tres en el sector. La autoridad ambiental mantiene monitoreo constante mediante trampas revisadas a diario, garantizando que cada ejemplar capturado pase por valoración veterinaria y biológica antes de cualquier liberación.
Comunidad: entre la nostalgia y el respaldo
Para algunos residentes, la babilla se había convertido en símbolo del lago. Sin embargo, varios habitantes respaldan la medida. Luis Eduardo Gómez, vecino del sector, considera que “cada animal debe estar en su hábitat especial”. Clara Velásquez, quien transita con frecuencia por la zona, admite que la noticia genera tristeza, pero entiende que la prioridad es la protección de las especies. La discusión ha abierto una conversación más amplia sobre cómo la ciudad interactúa con su fauna silvestre.
Foto: Comunicaciones Alcadia de CaliEl llamado a no alimentar ni intervenir
El Dagma reiteró un mensaje clave: no alimentar ni interferir con la fauna silvestre en las orillas del lago. Acciones aparentemente inofensivas pueden alterar comportamientos naturales, favorecer la presencia de especies fuera de su entorno y generar desequilibrios ecológicos. La conservación no depende solo de operativos técnicos, sino también de la corresponsabilidad ciudadana.
Desde esta redacción creemos que el episodio deja una lección de fondo: la fascinación urbana por la fauna no puede imponerse sobre la lógica ecológica. Un animal fuera de su hábitat no es una postal exótica, sino una señal de desajuste ambiental. Proteger la biodiversidad implica decisiones que a veces incomodan, pero que son necesarias para preservar el equilibrio natural. La pregunta que queda es si estamos dispuestos, como ciudad, a asumir esa responsabilidad más allá de la curiosidad momentánea.


0 Comentarios