#Ahora

7/recent/ticker-posts

Header Ads Widget


Barrio Obrero: El alto precio de bailar con el progreso

La renovación de la salsa en Cali promete valorización, pero silencia temporalmente los fogones de su gente.

Barrio Obrero: El alto precio de bailar con el progreso
   Foto: Comunicaiones Alcaldía

Por: Paulina Arango M 24  de febrero de 2026

En el corazón del barrio Obrero, donde el asfalto suele vibrar al ritmo de la campana y el bongó, hoy se respira una mezcla de polvo de construcción y una tensa esperanza. Desde el pasado 23 de febrero de 2026, la Empresa de Desarrollo y Renovación Urbana (EDRU) ha puesto en marcha la Fase I del Recorrido Patrimonial de la Salsa, un ambicioso proyecto que busca convertir estas calles icónicas en el epicentro del turismo internacional en Cali. Sin embargo, detrás de las cifras alegres de los comunicados oficiales, palpita la realidad de quienes habitan el territorio y pagan, con su sustento diario, el peaje de la modernidad.

El Barrio Obrero y la metamorfosis del asfalto

La intervención no es menor. Se trata de la "Implementación del Recorrido Patrimonial del Complejo Musical-Dancístico de la Salsa", una obra que la gerente de la EDRU, María Alexandra Pacheco, define como un modelo de "gerencia integral" basado en la participación ciudadana. El objetivo es claro: fortalecer la marca "Cali, Capital Mundial de la Salsa" y transformar el entorno físico de la comuna 9.

La promesa institucional es seductora. Se proyecta la llegada de 150.000 turistas anuales y un incremento del 40% en la valorización predial del sector. Para una zona que ha resistido el paso del tiempo manteniendo su esencia popular, estas cifras representan un salto al vacío hacia la gentrificación o, en el mejor de los casos, hacia una prosperidad largamente aplazada que beneficiaría a cerca de 25.000 habitantes.

Barrio Obrero: El alto precio de bailar con el progreso
    Foto: Comunicaiones Alcaldía

El silencio de las estufas: La otra cara de la moneda

Pero el progreso tiene una caligrafía que no siempre es fácil de leer para el ciudadano de a pie. Jairo Giraldo, un hombre que durante 20 años mantuvo vivo el sabor del sector con su restaurante de sancocho de gallina, es hoy el rostro de la "afectación temporal". Mientras los boletines hablan de "pasos firmes", don Jairo habla de una parálisis que ya cumple cinco meses.

"Me tocó cerrarlo... me cogieron con las manos abajo, brazos caídos", relata Giraldo con la franqueza de quien ha visto su flujo de caja desaparecer bajo las polisombras. Su situación es un recordatorio de que la planificación urbana suele olvidar el músculo financiero del pequeño comerciante: hoy, con deudas acumuladas, el sistema bancario le ha dado la espalda justo cuando más necesita reestructurarse para la nueva cara del barrio.

A pesar del "bajonazo", como él mismo define su estado anímico, persiste en una resiliencia casi mística: "Las caídas son para levantarse, no para quedarse en el suelo". Es la voz de un hombre que, aunque admite que no necesitaba la obra porque su negocio era próspero, ahora apuesta todo a esa esquiva valorización futura.

Voces entre el polvo y la nostalgia

No todos comparten el pesimismo financiero de Giraldo. En la esquina del emblemático Café Aló Aló, José Luis Gutiérrez, interventor y gestor cultural, ve en la obra un "impacto histórico". Para él, la transformación es humana y sociocultural, una forma de preparar al barrio para recibir a visitantes que ya preguntan desde Australia o Francia cómo llegar al epicentro de la salsa.

Por su parte, Reinelia Bermúdez, cocinera del sector, mantiene una postura de adaptación pragmática. "Esto va a ser para mejorar... uno se adapta a las cosas", afirma, destacando que el proceso de socialización por parte de la EDRU ha sido constante y bien recibido por la comunidad.


 ¿Renovación o supervivencia?

El proyecto de la EDRU en el Obrero es un experimento de alta tensión. Por un lado, la necesidad técnica de renovar una infraestructura obsoleta para potenciar la economía creativa; por el otro, el drama humano de la transición. La entidad asegura mantener "canales de información y participación ciudadana permanentes", intentando que el desarrollo sea, en sus palabras, "dialogado".

Sin embargo, el caso de Jairo Giraldo deja una pregunta en el aire: ¿qué medidas de mitigación económica real existen para los propietarios que deben cerrar sus puertas durante meses? La valorización del 40% es un activo en el papel, pero no paga las nóminas ni las deudas bancarias de hoy.

Una reflexión colectiva

La renovación urbana no puede ser solo un ejercicio de ingeniería y proyecciones turísticas. Si el Barrio Obrero es, como dicen sus habitantes, "el mejor barrio de Cali", su transformación debe garantizar que quienes pusieron la primera piedra de su identidad cultural no sean desplazados por el brillo de las nuevas baldosas.

Como sociedad, debemos exigir que el progreso no sea un monólogo del cemento, sino un diálogo donde el bienestar del vecino sea tan prioritario como la llegada del turista. La verdadera capital mundial de la salsa no se construye solo con rutas patrimoniales, sino asegurando que los fogones de personajes como don Jairo no se apaguen para siempre en el nombre del desarrollo. Al final del día, la cultura no son solo las calles que caminamos, sino las personas que las mantienen vivas.

Publicar un comentario

0 Comentarios