El aguacate Hass colombiano no solo está en las tostadas de moda en Europa; en 2025, sus exportaciones se dispararon un 45,7%, consolidándose como el nuevo motor agrícola del país. Pero, ¿qué significa este crecimiento récord para el colombiano de a pie?
Si usted ha sentido que el aguacate ha estado en boca de todos últimamente, no es solo por su sabor. Durante el último año, Colombia logró una hazaña comercial: enviar al exterior más de 201.000 toneladas de la variedad Hass, lo que se tradujo en ingresos por 375,3 millones de dólares.
Esta cifra no es un golpe de suerte. Es el resultado de un crecimiento sostenido que viene desde 2022 y que hoy, bajo la estrategia de diversificación del Gobierno Nacional, ha encontrado en mercados como Estados Unidos (donde las compras crecieron casi un 94%) y Países Bajos sus mejores aliados.
¿Por qué está creciendo tanto?
El análisis va más allá de tener buena tierra. Hay tres factores clave: Diplomacia comercial: La apertura de mercados en China y la consolidación en la Unión Europea han permitido que el fruto no se quede represado. Logística regional: Departamentos como Antioquia, Risaralda y el Valle del Cauca han tecnificado sus procesos para cumplir con los estrictos estándares internacionales. Tendencia de consumo: El mundo busca grasas saludables, y Colombia tiene cosecha casi todo el año, a diferencia de otros competidores.
¿Cómo le afecta esto a usted?
A simple vista, parece una noticia de grandes empresarios, pero el impacto baja hasta la cotidianidad:
Empleo en el campo: El aguacate Hass es intensivo en mano de obra. Más exportaciones significan empleos más estables en zonas rurales que antes dependían solo del café o de cultivos menos rentables.
Ingreso de divisas: Al entrar más dólares al país por ventas agrícolas, la economía nacional se oxigena, ayudando a equilibrar la balanza comercial frente a la caída de otros sectores tradicionales.
El dilema del precio local: La mirada crítica nos dice que, al exportarse lo mejor, a veces el consumidor local siente que el precio sube. Sin embargo, la tecnificación de los cultivos termina mejorando la oferta general y la calidad de lo que queda en los mercados locales.
No todo es color de rosa. Este crecimiento meteórico nos obliga a preguntarnos: ¿Estamos produciendo de manera sostenible? El reto para 2026 será que este "boom" no agote los recursos hídricos y que los pequeños productores no se queden por fuera del negocio frente a las grandes agroindustrias.

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