Descubra por qué este fenómeno geológico ha puesto en jaque la seguridad y el ecosistema del Urabá antioqueño.
Foto: Pantallazo portal bloomberglinea.com/Por: Redacción RMC | 25 de febrero de 2026
El silencio habitual de la zona rural de San Juan de Urabá, en el departamento de Antioquia, fue fracturado por un rugido profundo que emergía de las entrañas de la tierra. Lo que muchos confundieron inicialmente con una explosión, resultó ser la súbita erupción de un volcán de lodo ubicado en las inmediaciones de la planta de tratamiento del acueducto municipal. El fenómeno, que lanzó columnas de fuego y material viscoso, obligó a las autoridades del Consejo Municipal de Gestión del Riesgo de Desastres (Cmgrd) y al Dagran a activar protocolos de evacuación inmediata ante una comunidad que observaba, entre el pánico y el asombro, cómo el suelo se transformaba en una amenaza incandescente.
El fenómeno del diapirismo: Cuando la tierra exhala gas y lodo
Para entender lo ocurrido, es imperativo alejarse de la imagen tradicional de los volcanes de magma como el Nevado del Ruiz. Según reportes de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), lo vivido en Antioquia es un proceso de diapirismo, un fenómeno geológico donde el lodo y los gases acumulados en el subsuelo ascienden violentamente debido a la alta presión interna.
Fuego y presión en el subsuelo de Antioquia
Aunque se le denomina popularmente "erupción", la UNGRD aclara que no hubo presencia de magma. La columna de fuego registrada por los residentes en redes sociales responde a la combustión de gases que acompañan la expulsión del material sedimentario. Este "diapiro" se manifestó con una fuerza tal que no solo alteró el paisaje, sino que comprometió la infraestructura sensible del municipio al ocurrir a escasos metros de la planta de tratamiento de agua.
El impacto en la infraestructura y la fauna
El balance preliminar, aunque afortunadamente no registra vidas humanas perdidas, revela una herida profunda en la cotidianidad de la región. El secretario de Gobierno de San Juan de Urabá, José Ignacio Díaz Salgado, confirmó que al menos cuatro viviendas fueron evacuadas de manera preventiva por su peligrosa cercanía al foco de la erupción.
Sin embargo, la naturaleza y la infraestructura no corrieron con la misma suerte: Se ha confirmado la muerte de varios semovientes y animales que no lograron escapar del avance del material. La carretera de acceso al corregimiento Siete Vueltas y las vías hacia Juancito Viejo presentan grietas y fracturas significativas que impiden el tránsito seguro. Una amplia franja de vegetación seca fue consumida por las llamas generadas durante la expulsión del material, lo que requirió la intervención inmediata de los bomberos para evitar un incendio forestal de mayores proporciones.
La respuesta oficial ante el riesgo de nuevas expulsiones
La zona permanece bajo un estricto cerco de seguridad liderado por la Policía y organismos de socorro. La preocupación no ha cesado, pues los expertos del Dagran y equipos técnicos en el sitio no descartan la posibilidad de una actividad secundaria o una nueva erupción en las próximas horas.
Daniela Navarro, integrante del cuerpo de bomberos voluntarios, fue enfática al respecto: "Procedimos con la evacuación preventiva debido al alto riesgo de una actividad secundaria". Mientras tanto, la Secretaría de Infraestructura de Antioquia prepara el envío de maquinaria pesada para intentar restablecer la movilidad en los puntos donde la carretera cedió ante la presión del subsuelo.
Una alerta que no puede quedar en el barro
La emergencia en San Juan de Urabá nos sitúa, una vez más, frente a la innegable fragilidad de nuestras comunidades asentadas sobre zonas de actividad geológica activa. Si bien la respuesta de los organismos de socorro fue oportuna para evitar una tragedia humana, este evento debe servir como un recordatorio severo para la planeación territorial.
No basta con atender la emergencia; es imperativo cuestionar por qué infraestructuras críticas, como una planta de acueducto, y asentamientos humanos terminan en el radio de acción de fenómenos que la geología ya ha señalizado. La tierra en el Urabá ha hablado y, aunque esta vez solo nos dejó lodo y grietas, su mensaje es claro: la prevención no es un protocolo de papel, es el único muro real contra la fuerza impredecible del subsuelo. Debemos pasar del monitoreo de la crisis a la gestión real del riesgo antes de que la próxima exhalación de la tierra sea definitiva.

0 Comentarios