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Profanación en La Ermita: Golpe a la fe en Cali

La destrucción de imágenes sagradas en este templo icónico trasciende lo religioso; es una herida directa a la memoria, la tolerancia y la cultura de todos los caleños

Profanación en La Ermita: Golpe a la fe en Cali
    Foto: Comunicaciones  Arquidiócesis de Cali 

Por: Paulina Arango M

Santiago de Cali 6 de mayo del 2026.  la ciudad de Santiago de Cali amaneció con una noticia que estremece tanto a los creyentes como a los defensores de la historia local. La emblemática Capilla de La Ermita, joya arquitectónica y postal viva de la capital vallecaucana, fue víctima de una dolorosa profanación que resultó en la destrucción y daño importante de todas sus imágenes religiosas. Este acto criminal no es un simple caso de vandalismo; plantea interrogantes urgentes sobre la intolerancia, la seguridad y el respeto por los espacios que han forjado la identidad de la ciudad a lo largo de las décadas.

El doloroso amanecer en la Capilla de La Ermita

Las puertas de La Ermita, habitualmente abiertas para quienes buscan un minuto de silencio en medio del caos urbano, hoy reflejan una profunda desolación. El Arzobispo de Cali, Luis Fernando Rodríguez Velásquez, confirmó que el ataque ocurrió en las horas de la mañana, describiéndolo con una contundencia necesaria: se trata de "un acto iconoclasta que va en contra de la fe de los fieles católicos y vulnera la libre expresión de los creyentes".

Cuando se ataca un lugar de culto, no solo se rompen figuras de yeso o madera; se violenta el derecho fundamental de una comunidad a ejercer sus creencias en libertad.

La vulneración al Señor de la Caña

Entre el inventario de los daños reportados, hay un dolor particular por la imagen del Señor de la Caña, una figura de profundo arraigo y devoción popular en la región. Su vulneración representa una agresión directa al refugio espiritual de miles de personas que a diario acuden a su altar en busca de esperanza.

Profanación en La Ermita: Golpe a la fe en Cali
       Foto: Comunicaciones  Arquidiócesis de Cali

Más allá de la religión: Un atentado contra la cultura caleña

Para entender la verdadera gravedad de lo ocurrido, es preciso despojarse por un momento de cualquier investidura confesional. La Ermita no le pertenece únicamente a la Iglesia Católica; es patrimonio de todos los vallecaucanos. Como acertadamente señala el comunicado de la Arquidiócesis, al ser La Ermita un "lugar icónico de la ciudad, se convierte también en una afrenta contra los bienes culturales de Cali".

Destruir el interior de este templo neogótico es atentar contra la memoria y el paisaje urbano de una ciudad que ha luchado por preservar su historia. Permitir que nuestros bienes patrimoniales queden a merced de la violencia simbólica o física sienta un precedente peligroso para la conservación de la identidad caleña.

Profanación en La Ermita: Golpe a la fe en Cali
    Foto: Comunicaciones  Arquidiócesis de Cali

Medidas de cierre y un llamado perentorio a las autoridades

Las consecuencias de este delito ya son palpables. Como signo penitencial y de duelo por los daños causados, las autoridades eclesiásticas ordenaron que la Capilla de La Ermita cierre sus puertas hasta el próximo sábado 9 de mayo a las 10:00 a.m..

Simultáneamente, y en un tono firme, la Iglesia ha exigido a las autoridades civiles y a la Policía de la ciudad "la atención adecuada y pronta ante estos hechos delictivos". No puede haber impunidad frente a la destrucción del patrimonio y la violación de la libertad de cultos.

El valor de reconstruir desde el respeto mutuo

El cierre temporal de La Ermita debe resonar como un clamor ensordecedor para nuestra sociedad. Condenar esta profanación no exige profesar una fe específica, sino poseer un sentido básico de civilidad, pluralidad y respeto por el otro. Las autoridades tienen la obligación ineludible de esclarecer este crimen, pero nosotros, como ciudadanos, tenemos el deber moral de rechazar cualquier forma de fanatismo que intente dividirnos.

Como lo expresó el propio arzobispo, "Cali merece vivir en paz". Que la dolorosa recolección de los fragmentos de estas imágenes rotas se convierta en una oportunidad para reparar el tejido de nuestra empatía colectiva. Frente a los que apuestan por la destrucción, nuestra voz más firme y desafiante debe ser siempre la defensa intransigente de nuestra cultura, nuestro respeto y nuestra convivencia.

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