#Ahora

7/recent/ticker-posts

Header Ads Widget


Fracking en Colombia: ¿Agua para mañana o petróleo para hoy?

El debate Cepeda vs. De la Espriella bajo la lupa de la sostenibilidad

Fracking en Colombia: ¿Agua para mañana o petróleo para hoy?
     Foto: Portal hoynoticias

Por: Paulina Arango M

Santiago de Cali junio 15 del 2026. A las puertas del Nevado del Ruiz, donde el frío cala los huesos y el agua nace entre la bruma, una valla solitaria ha puesto a temblar los cimientos de la campaña presidencial de junio de 2026. “Si usted apoya el fracking, usted no es bienvenido”, reza el aviso que ambientalistas y campesinos instalaron como un grito de auxilio desde el corazón de nuestros páramos. Esta no es una simple pelea de carteles; es el reflejo de una nación que se debate entre la urgencia económica inmediata de Abelardo de la Espriella y la defensa radical de la vida y el agua que lidera Iván Cepeda. Lo que nos jugamos hoy no es solo el precio de la gasolina, sino la integridad de la herencia natural que dejaremos a los colombianos que aún no han nacido.

El corazón de cristal de nuestros páramos y el legado hídrico

Colombia tiene el privilegio y la inmensa responsabilidad de albergar casi la mitad de los páramos del mundo, esas "esponjas naturales" que regulan el agua de millones. El debate sobre el fracking no puede ignorar que alterar estos suelos es herir de muerte a un ecosistema cuya recuperación, según la ciencia, puede tardar décadas o ser simplemente imposible. Frailejón Ernesto Pérez dejó de ser un personaje infantil para convertirse en el símbolo de una resistencia que entiende que el agua es el único oro que se puede beber. Cualquier actividad que ponga en riesgo esta seguridad hídrica atenta directamente contra la supervivencia de las futuras generaciones.

Cepeda y la sombra de las "zonas de sacrificio"

Desde la orilla de Iván Cepeda, el rechazo al fracking es una bandera innegociable por la sostenibilidad. La preocupación central, compartida por voces como la de María del Mar Pizarro, es la creación de "zonas de sacrificio", similares a lo ocurrido en Vaca Muerta, Argentina, donde las comunidades terminaron consumiendo agua en bidones por la contaminación química. Se habla de inyecciones de millones de litros de agua mezclados con benceno y tolueno, sustancias cancerígenas que podrían filtrarse a nuestros acuíferos subterráneos. Para este sector, la soberanía nacional empieza por proteger el agua, no por fracturar la tierra para extraer el último barril.

El costo invisible de la fractura en el suelo colombiano

La evidencia científica nos advierte que el impacto del fracking va mucho más allá de lo que ocurre bajo tierra. La construcción de infraestructuras, vías y plataformas fragmenta hábitats y altera la humedad de la que dependen especies únicas como los frailejones. Investigaciones indican que páramos como Guerrero y Rabanal ya han perdido gran parte de su vegetación nativa por presiones humanas. Sumar la técnica del fracturamiento hidráulico en este contexto de fragilidad climática parece, para muchos expertos, un riesgo demasiado alto que el país no debería correr si aspira a una verdadera justicia ambiental.

La paradoja de la soberanía energética de De la Espriella

En el otro extremo del cuadrilátero, Abelardo de la Espriella defiende una visión de "fracking responsable", viéndolo como una obra de ingeniería que utiliza acero y cemento para aislar los acuíferos y garantizar la soberanía energética. Su argumento es pragmático: Colombia necesita sus propios recursos para no depender de importaciones costosas y para cerrar las brechas de pobreza. Para defensores de esta postura, como Felipe Bayón, la tecnología ha avanzado tanto que la huella de carbono de estos pozos es hoy menor que la de los hidrocarburos convencionales. Sin embargo, la pregunta persiste: ¿podemos confiar ciegamente en una tecnología que, incluso con las mejores prácticas, admite un margen de error y fugas?.

Realidad económica vs. Integridad ambiental

El dilema es dolorosamente real cuando vemos que 11 millones de colombianos dependen de sus motocicletas para trabajar y el 80% de los hogares usan gas para cocinar. De la Espriella apuesta por recuperar la autonomía perdida, señalando que hoy ya importamos gas que proviene, irónicamente, del fracking en Estados Unidos. No obstante, la Procuraduría General ya ha advertido que esta práctica podría chocar con el principio constitucional de desarrollo sostenible. La economía puede recuperarse, pero un acuífero contaminado con químicos tóxicos es una sentencia de sed para el futuro.

El voto como contrato con el futuro

La valla en el Nevado del Ruiz nos obliga a una reflexión que trasciende los cálculos electorales. No se trata solo de elegir entre dos candidatos, sino de decidir qué tipo de país queremos dejarle a nuestros nietos. La verdadera soberanía no reside en cuántos barriles exportamos, sino en la capacidad de abrir un grifo y que salga agua pura. Mientras el mundo avanza hacia la descarbonización, Colombia debe elegir si quiere ser el último bastión de una industria extractiva o el primer guardián de la biodiversidad global. El principio de precaución debe ser nuestra brújula: ante la duda de un daño irreversible al agua, la vida debe prevalecer sobre el petróleo.

Publicar un comentario

0 Comentarios