Una estrategia nacional contra el crimen organizado que busca devolverle la tranquilidad a la capital del Valle.
Por : Paulina Arango M
El eco de un clamor de dos años: Cali levanta la mano
Para entender el respaldo de Eder, hay que mirar las cifras y la geografía del dolor. Cali no es solo una ciudad; es un epicentro de tensiones donde convergen el narcotráfico del sur del Valle y el norte del Cauca. El alcalde ha sido enfático: la ciudad ha identificado a más de 100 bandas delincuenciales que mantienen en jaque la cotidianidad de los ciudadanos.
Estas estructuras no se limitan a delitos comunes; operan bajo lógicas de microtráfico, extorsión, hurto y, lo más grave, el reclutamiento forzado de menores. Por ello, la llegada de una estrategia nacional se percibe no como una opción, sino como un imperativo para recuperar el control territorial que las administraciones locales, por diseño constitucional, no pueden ejercer sin el brazo del Gobierno Nacional.
Del terrorismo a la seguridad ciudadana: Una experiencia probada
Eder no habla desde la teoría. La capital del Valle ya ha servido de laboratorio para tácticas de choque. El mandatario recordó el éxito del Bloque de Búsqueda contra el Terrorismo, una unidad que permitió desarticular células responsables de atentados y fortalecer la inteligencia local.
La propuesta actual busca trasladar esa misma contundencia técnica al plano de la seguridad ciudadana. "Esto es algo que llevamos más de dos años pidiéndole al Gobierno Nacional y por fin empezamos a escuchar propuestas claras", sentenció el alcalde, subrayando que la experiencia acumulada en la lucha contra el terroris es el crimen para enfrentar a las bandas urbanas.
Tecnología e Inteligencia: Más allá de las botas en la calle
Uno de los puntos analíticos que distancia esta propuesta de los simples despliegues de fuerza es la exigencia de Eder por una inversión integral. El Bloque de Defensa no puede ser solo más uniformados en las esquinas; requiere un robustecimiento de la inteligencia técnica y la tecnología de punta.
Para la administración local, el éxito de este bloque depende de tres pilares que el Gobierno Nacional debe garantizar: Inversión nacional sostenida en equipos y personal especializado. Fortalecimiento de la inteligencia para desmantelar las finanzas de las 100 bandas. Acción preventiva que ataque las causas sociales, evitando que la delincuencia siga siendo la única opción para muchos jóvenes.
La infancia en el centro de la batalla: La Ley 145 de 2024
Quizás el componente más sensible de este nuevo enfoque es la protección de la niñez. Eder fue contundente al invocar la Ley 145 de 2024, una herramienta jurídica diseñada para castigar con severidad extrema a quienes instrumentalizan a niños y niñas en la comisión de delitos. “Se tiene que proteger a la niñez... aquí celebramos cualquier propuesta y estamos listos para trabajar por la seguridad”, concluyó el mandatario, dejando claro que la ofensiva no solo es contra el delincuente, sino contra el sistema que devora el futuro de la ciudad.
El derecho a caminar sin miedo
La seguridad no puede seguir siendo un botín de campaña ni un discurso de barricada. El respaldo de Alejandro Eder a la propuesta del presidente electo De la Espriella debe leerse como un acto de pragmatismo necesario. No se trata de filiaciones políticas, sino de una articulación institucional que por fin parece entender que las bandas urbanas son el brazo extendido del narcoterrorismo rural.
Cali ha puesto los muertos, la experiencia y la voluntad. Ahora le corresponde al Gobierno Nacional demostrar que el Bloque de Defensa no es un nombre rimbombante, sino una estructura real que golpee donde más le duele al crimen: en su capacidad de operar con impunidad en las calles. La seguridad es el primer derecho social; sin ella, cualquier promesa de prosperidad es solo un espejismo. Es hora de que el Estado, en todas sus escalas, hable el mismo idioma de contundencia y protección.


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