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Villa de Leyva en cenizas: el olvido estatal que consume a Boyacá

El fuego avanza sin tregua en el territorio mientras las promesas oficiales se quedan en el papel y la comunidad lucha con las uñas.

Villa de Leyva bajo la ceniza: el fuego que desnuda la fragilidad del territorio y del Estado
    Combate al incendio en Villa de Leyva, Colombia, este lunes.-Sergio Acero (REUTERS)


Por: Paulina Arango M 

Villa de Leyva 22 de septeimbre 2026. El humo que asfixia a Villa de Leyva no es solo el resultado de la vegetación ardiendo; es el reflejo del abandono histórico de un Estado que solo reacciona cuando el desastre es portada de periódico. Lo que comenzó en el cerro San Marcos y La Marmolera se convirtió en un infierno implacable que sobrepasó cualquier capacidad inicial. Mientras los boletines institucionales intentan maquillar la tragedia, la gente en el territorio respira ceniza y rabia. La combinación de vientos embravecidos y temperaturas extremas expuso la desnudez de un sistema incapaz de proteger sus propios ecosistemas.

Detrás de las más de 1.200 hectáreas arrasadas y del golpe fulminante al Santuario de Flora y Fauna Iguaque, hay rostros concretos enfrentando la noche a ciegas. Campesinos y comerciantes de veredas como Ritoque y Villa Rosita pasaron horas en vela, cuidando con pánico cómo las llamas amenazaban sus casas y sus animales. La respuesta inmediata no vino de ningún protocolo nacional, sino de la solidaridad comunitaria organizada a la carrera para salvar lo poco que queda.

Aquí no hay espacio para eufemismos: estamos frente a una falla sistémica donde la gestión del riesgo es una ficción burocrática. Se destruyeron nacimientos de agua cruciales como Chaina y La Colorada, además de 1.500 metros de tuberías de acueducto, dejando a la población al borde del desabastecimiento hídrico. En lugar de una estrategia articulada de prevención, el país presenció a mandatarios locales implorando ayuda aérea por televisión porque la capacidad humana en tierra fue superada desde el primer minuto.

El impacto golpea directo al bolsillo del ciudadano de a pie. La cancelación intempestiva de eventos, el cierre preventivo de hoteles y la suspensión de clases dejaron sin sustento al campesino, al pequeño comerciante y al trabajador informal que vive del día a día. "No hay trabajo, entonces no hay a quién atender", sintetiza el drama de quienes ven cómo el fuego devora su economía familiar. La crisis institucional del municipio, con su alcalde titular privado de la libertad, solo agravó un escenario de desamparo absoluto.

Hasta el cierre de esta edición, los habitantes de la región no han encontrado un verdadero apoyo del Gobierno Nacional para atender la emergencia. Pese a las constantes solicitudes de ayuda enviadas a Bogotá, la realidad en el terreno es desalentadora: la misma comunidad, mano a mano con la alcaldía de Villa de Leyva, está haciendo maniobras logísticas para conseguir y tramitar motobombas de agua con las que intentar frenar el avance de las llamas. Todo sigue en un punto crítico; el fuego no se ha controlado como vienen asegurando irresponsablemente varios medios nacionales. Nos queda la amarga certeza de que, mientras en la capital se firman decretos en escritorios bien iluminados, en Boyacá la gente sigue apagando el infierno con baldes y las uñas.

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