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Amenaza contra Roy Barreras: El pulso entre la democracia y el miedo en Colombia

La seguridad nacional en vilo tras advertencias de un plan de magnicidio en plena plaza pública

Amenaza contra Roy Barreras: El pulso entre la democracia y el miedo en Colombia


Por: Redacción RMC   | 27 de febrero de 2026

La democracia colombiana vuelve a enfrentarse a sus fantasmas más oscuros. Tras recibir una alerta oficial de la Policía Nacional, el líder político Roy Barreras confirmó la existencia de un plan inminente para atentar contra su vida. El aviso, registrado por el Centro Automático de Despacho (CAD) a través de una llamada anónima, fue contundente: criminales esperan el momento en que el candidato suba a la tarima pública para ejecutar el asesinato. Este hecho no es solo un ataque contra un individuo, sino un síntoma de una violencia que se resiste a abandonar el tablero electoral.

El anonimato como arma de coacción política

El reporte oficial detalla que la advertencia llegó desde una línea telefonica identificada, en una comunicación breve que buscaba sembrar el pánico antes de interrumpirse abruptamente. Ante esta situación, Barreras ha formalizado la denuncia penal correspondiente, pero su respuesta va más allá del trámite legal. Al negarse a suspender sus actividades masivas, el mensaje es claro: la política no puede quedar subordinada al veto de las balas. Sin embargo, queda en el aire la pregunta de cuánta presión puede soportar un sistema donde la participación ciudadana sigue vinculada al riesgo de muerte.

¿Quiénes deciden el futuro del territorio?

Este incidente pone de manifiesto una tensión histórica en el país: la lucha por el control del territorio y el imperio de la ley. La denuncia de Barreras sugiere que detrás de estas amenazas existe un interés criminal por imponer candidatos afines o despejar el camino mediante la eliminación de opositores incómodos. No se trata solo de un asunto de protección personal o escoltas; es un desafío directo a la soberanía del Estado. Si los grupos armados logran incidir en quién puede o no subir a una tarima, la libertad de elegir se convierte en una ilusión gestionada por el crimen.

Confianza institucional frente a la barbarie

La decisión de mantener la agenda pública se fundamenta en una apuesta por la fuerza pública y el esquema de protección nacional. Es un acto de resistencia civil que trasciende la figura del candidato; es la negativa a aceptar que los violentos sean los directores de la orquesta política. En un país que ha visto caer a sus líderes en plazas públicas, la determinación de continuar la campaña es un llamado a la institucionalidad para que demuestre que el control de las calles le pertenece a la ciudadanía y no a quienes disparan desde la sombra.

El costo de la libertad no puede ser la vida

No podemos permitir que el miedo se normalice como una variable más de la estrategia electoral. Colombia no puede retroceder a las épocas donde el sicariato dictaba la agenda nacional. Esta amenaza contra Roy Barreras debe ser el límite para una sociedad que exige garantías reales para el disenso. La verdadera seguridad no reside solo en los chalecos antibalas, sino en la capacidad colectiva de rechazar cualquier intento de sustituir el debate por el asesinato. La democracia vale el riesgo, sí, pero es deber de todos asegurar que nadie tenga que pagarla con su propia sangre.


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