La estación de bombeo en el sur de Cali funciona sin automatización y bajo maniobras de personal no calificado.
Foto: EMCALI
Por: Paulina Arango | 16 de febrero de 2026
En el papel, la estación de bombeo de Bochalema debería ser el corazón tecnológico del acueducto en el sur de Cali. Un sistema de vanguardia diseñado para latir al ritmo del software SCADA, permitiendo que la presión del agua se ajuste con la precisión de un cirujano desde una central remota. Pero la realidad, esa que se esconde tras los muros de concreto y el zumbido de los motores, es mucho más rústica y peligrosa.
Hoy, ese "cerebro" electrónico está en coma. Mientras los comunicados oficiales de Emcali hablan de modernización y eficiencia, en el terreno la realidad es otra: la infraestructura vital que abastece a miles de familias está siendo operada manualmente. Lo más grave no es solo la obsolescencia técnica, sino quiénes están moviendo las palancas. Según denuncias documentadas, personal de seguridad privada —hombres entrenados para la vigilancia, no para la ingeniería hidráulica— está a cargo de maniobras críticas en una planta que procesa 13.200 voltios.
El colapso del sistema SCADA: Entre la ficción y el riesgo
El sistema de Control Supervisor y Adquisición de Datos (SCADA) es, en teoría, la garantía de que el agua llegue a los hogares sin importar las fluctuaciones de la red. Sin embargo, fuentes cercanas a la operación confirman que el sistema lleva meses fuera de servicio. La "modernización" que costó miles de millones de pesos parece haberse quedado en los contratos y no en los tableros de control.
La ausencia de este monitoreo automático obliga a una operación artesanal. Cuando la presión cae o los tanques rebosan, no hay un algoritmo que corrija el flujo; hay un trabajador —a veces un guarda— que debe actuar por instinto o por órdenes telefónicas, en una ruleta rusa operativa que pone en riesgo tanto la estabilidad del servicio como la integridad física del personal.
El peligro de los 13.200 voltios
La manipulación de estaciones de alta tensión requiere certificaciones técnicas específicas (como la norma RETIE en Colombia). El hecho de que personal sin formación técnica esté operando interruptores y válvulas en Bochalema es una irregularidad que raya en lo criminal.
Riesgo Eléctrico: Un error en la secuencia de encendido de las bombas centrífugas puede generar un arco eléctrico fatal.
Riesgo Operativo: La falta de precisión manual está causando fatiga en los materiales y golpe de ariete en las tuberías, lo que explica las constantes roturas y la intermitencia en el suministro nocturno.
"No se trata solo de que no haya agua; se trata de que estamos operando una infraestructura del siglo XXI con métodos del siglo XIX, poniendo en riesgo la vida de la gente para tapar la ineficiencia administrativa", señala una de las fuentes técnicas consultadas para este reporte.
El lenguaje de la evasión
Desde la gerencia de la empresa municipal se insiste en que se trata de una "etapa de migración". No obstante, la migración no debería implicar el apagón total de los sistemas de seguridad. La contradicción entre los informes de gestión y la precariedad en el sitio sugiere una desconexión profunda —o un ocultamiento deliberado— sobre el estado real de los activos de la ciudad.
Consecuencias para el sur de Cali
Si la estación de Bochalema sufre un daño mayor por una mala maniobra manual, el costo de reparación no será solo financiero. El sur de Cali, una zona de expansión vertiginosa, podría enfrentar semanas de desabastecimiento crítico, afectando hospitales, colegios y miles de unidades residenciales que dependen exclusivamente de este bombeo.
Nuevas pruebas: La Personería entra en escena
La crisis ha tomado un giro legal definitivo este lunes 16 de febrero de 2026. La concejal María del Carmen Londoño ha radicado ante el personero de Cali, Gerardo Mendoza, un nuevo paquete de evidencias que desmienten las versiones de normalidad emitidas por la jefatura de plantas de Emcali
La transparencia no es opcional
La situación en Bochalema es el síntoma de una enfermedad mayor en la gestión de lo público: la brecha entre el discurso técnico y la realidad operativa. No basta con comprar las bombas más caras si el sistema que las gobierna es inexistente y si el personal que las cuida no tiene las herramientas para hacerlo.
La administración local y Emcali deben dejar de tratar la infraestructura crítica como un tablero de relaciones públicas. Operar una estación de alta tensión de forma manual no es una "contingencia", es una irresponsabilidad. La ciudad exige que la tecnología por la que pagó funcione, y que la seguridad de quienes operan el sistema —y de quienes reciben el agua— sea la prioridad, no la última línea de un informe de gestión. La confianza de los caleños en sus empresas públicas se recupera con válvulas que funcionan, no con excusas que gotean.
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