#Ahora

7/recent/ticker-posts

Header Ads Widget


Colombia: El laberinto de la seguridad

Entre mega-cárceles, mano dura y algoritmos: radiografía crítica de las propuestas presidenciales

COLOMBIA: EL LABERINTO DE LA SEGURIDAD

            Foto: Imagenes de portal de redes sociales de los candidatos

Por: Paulina Arango M

Santiago de Cali, 2 de Febrero 2026. La seguridad volvió al centro del debate presidencial en Colombia. El pasado fin de semana, en distintos municipios del Valle del Cauca, los candidatos Roy Barreras, Abelardo de la Espriella y Sondra Collins desplegaron sus propuestas de campaña en materia de orden público, en respuesta al creciente temor ciudadano por la violencia y el control territorial del crimen organizado. Barreras estuvo en Cali, Buenaventura y Aguablanca; De la Espriella recorrió Jamundí y otros municipios del departamento; mientras Collins reforzó su mensaje nacional desde escenarios públicos y digitales. El porqué es claro: la inseguridad se consolida como el eje que puede definir la contienda electoral.

Roy Barreras presentó su modelo de “Seguridad Total”, una propuesta de enfoque integral que articula control territorial, reformas jurídicas, política social y estabilidad económica. Su planteamiento más disruptivo es la liquidación del INPEC y la construcción de cinco mega-cárceles productivasdonde los reclusos trabajarían para su sustento y el de sus familias. Este modelo, que él denomina "Cárceles SENA" y "Cárceles con fábricas", busca transformar el sistema penitenciario en un motor de resocialización y productividad. La distinción entre insurgencias políticas y bandas criminales es clave en su aproximación a la lucha contra el narcotráfico y la extorsión, afirmando que estos últimos deben someterse a la justicia o ser "sometidos por la fuerza legítima del Estado". Además, su llamado a la corresponsabilidad internacional en la lucha contra el narcotráfico añade una capa de complejidad necesaria al debate. La crítica a la "puerta giratoria" de la justicia, donde el 80% de los capturados quedan libres por fallos de procedimiento, resalta una falla estructural que requiere una reforma profunda y urgente en la base jurídica.

Desde una narrativa de confrontación directa, Abelardo de la Espriella reactivó la bandera de la “Seguridad Democrática”, con un discurso de mano dura frente a grupos armados y delincuencia común. Entre sus ejes centrales están la fumigación aérea de cultivos ilícitos, el uso de drones y tecnología extranjera, y la creación de un “Plan Colombia 2” con apoyo internacional. De la Espriella ha reiterado que quien no se someta al Estado será neutralizado, una postura que genera respaldo en sectores cansados de la impunidad, pero también alertas sobre el uso de la fuerza y los límites democráticos. Su propuesta incluye puestos de mando unificado en cada departamento para reforzar la coordinación operativa.

Sondra Collins, por su parte, impulsa el concepto de “Seguridad sin Miedo”, una estrategia centrada en tecnología, prevención y reforma institucional. Su plan propone sistemas biométricos, inteligencia artificial y vigilancia digital para anticipar el delito, reduciendo la exposición de civiles y fuerza pública. Uno de sus puntos más singulares es la reforma del sistema penitenciario con enfoque de género, planteando que el 50 % del personal del INPEC sean mujeres como mecanismo contra la corrupción. Collins, abogada penalista, sostiene que su experiencia le permite diseñar políticas “desde el conocimiento real del delito”, con énfasis en eficiencia y control estatal.

Superando la seducción de los eslóganes y el espejismo de modelos importados —o los ecos de una seguridad democrática que busca renacer en la retórica de figuras como De la Espriella, sin el respaldo de una formulación programática sólida—, el país se encuentra hoy ante una encrucijada existencial.

Entre el cemento de las cárceles industriales, la gramática de la guerra y la frialdad de los algoritmos de vigilancia, la comunidad colombiana reclama un pacto que trascienda la urgencia electoral: resultados sostenibles y una justicia que no se disuelva en la puerta de los juzgados.

La seguridad, entendida desde la piel de quienes habitan el territorio, no es una estadística ni un gesto de fuerza escénica, sino la presencia real de oportunidades y una institucionalidad capaz de devolver la confianza perdida. En este complejo laberinto, Colombia no solo deposita un voto por un nombre: está definiendo el modelo de nación y el tejido social donde, por fin, sea posible vivir sin el peso del miedo.

Publicar un comentario

0 Comentarios