Más allá de las capturas, la caída de los cabecillas de ‘Los Shotas’ abre una ventana de oportunidad para que la economía local de Juanchaco y Buenaventura respire sin el yugo de la "vacuna".
Foto: Policia Metropolitana
Por: Redacción-judicial | 9 de febrero de 2026
Cuando se habla de capturas de alto impacto, las cifras suelen centrarse en años de cárcel o prontuarios delictivos. Sin embargo, para los habitantes de los corregimientos marítimos del Valle, el éxito de esta operación se mide en libertad cotidiana. La salida de circulación de alias ‘H’ y ‘Yilmar’ toca tres nervios sensibles de la sociedad bonaverense.
1. El fin del "impuesto al progreso"
La extorsión, esa que alias ‘H’ lideraba en Juanchaco, no es solo un robo; es un freno al desarrollo. Cuando un comerciante o un empresario del turismo debe entregar parte de sus ganancias a una banda criminal, se detiene la inversión. El dueño de un hotel que no pudo pintar su fachada o el pescador que no pudo arreglar su lancha por pagar la "cuota", hoy tiene una oportunidad de reinvertir en su propio bienestar. La captura golpea el bolsillo del criminal, pero libera el presupuesto de la familia trabajadora.
La ruptura del "modelo a seguir" equivocado
En zonas donde el Estado ha tardado en llegar, figuras como los cabecillas de ‘Los Shotas’ a veces se convierten, tristemente, en referentes de poder para los jóvenes. El mensaje social: Ver que delincuentes que se sentían intocables —como ‘Yilmar’, que evadió la justicia por cinco años— terminan rindiendo cuentas, envía un mensaje potente a la juventud: el crimen no es un camino sostenible. Romper esa percepción de impunidad es vital para que las nuevas generaciones miren hacia la legalidad, el deporte y la educación que se intenta promover en el puerto.
La reconexión entre el vecino y el Estado
Uno de los daños más profundos que causa el control criminal es la pérdida de confianza. La gente deja de denunciar porque el criminal vive a la vuelta de la esquina. Este golpe, presentado por la Gobernación y la Policía, actúa como un "voto de confianza". Si la comunidad siente que las autoridades están escuchando y actuando, la red de participación ciudadana se fortalece. El ciudadano deja de sentirse solo frente al delincuente.
¿Qué sigue después del arresto?
La captura de un cabecilla suele generar un alivio inmediato, pero socialmente deja un vacío que el Estado debe llenar rápidamente. Si la Policía se lleva al extorsionista, pero la inversión social (salud, educación, servicios básicos) no llega para ocupar ese espacio, el ciclo delictivo corre el riesgo de repetirse con nuevos nombres.
La verdadera victoria social no ocurrirá hoy con la foto de la captura, sino en los meses venideros, cuando el turismo en Juanchaco fluya sin intermediarios armados y cuando el tejido comunitario se fortalezca sin el miedo de quién vigila desde la sombra.
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