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Desepaz: Cuando el arte le gana el pulso a la exclusión en el oriente de Cali

Más que una academia de música, la Escuela de Música Desepaz se ha consolidado como un refugio de paz en la Comuna 21. Tras dos décadas de historia, el proyecto busca hoy el respaldo ciudadano para asegurar que los sueños de cientos de niños no se queden en silencio.

Desepaz: Cuando el arte le gana el pulso a la exclusión en el oriente de Cali
    Foto: Comuniccaciones escuela de  música de Cepaz 

Redacción RMC Noticias

Santigo de Cali, febrero 8 del 2026. El oriente de Cali suele ser noticia por cifras de inseguridad o carencias estructurales. Sin embargo, en el corazón de la Comuna 21, existe una realidad paralela donde el sonido dominante no es el del conflicto, sino el de violines, clarinetes y percusiones. La Escuela de Música Desepaz, un faro de transformación social con más de 20 años de trayectoria, enfrenta hoy el reto de sostener su modelo de excelencia gratuita en un contexto económico siempre desafiante.

Un escudo contra la violencia

Para un niño en Desepaz, empuñar un instrumento es mucho más que aprender solfeo. Es, en la práctica, una alternativa real frente a las dinámicas de violencia que acechan en las esquinas. El modelo de la escuela no busca únicamente formar virtuosos para las grandes orquestas del mundo —aunque lo ha logrado—, sino ciudadanos con disciplina, autoestima y un sentido de pertenencia que el asfalto a veces les niega.

"Vemos cómo se reescriben futuros; el joven que canaliza su energía en el ritmo de la percusión o la niña que encuentra su voz en el coro", explica Martín Buitrago, docente de la institución. Según el maestro, la música funciona como un taller donde se forjan proyectos de vida extraordinarios.

El impacto en la "Cali invisible"

La importancia de este proyecto radica en su ubicación. La Comuna 21 es una de las zonas con mayores retos sociales de la ciudad. Allí, la Escuela de Música se convierte en una "segunda familia". El impacto es directo: un joven ocupado en un ensamble musical es un joven menos vulnerable a la deserción escolar o al reclutamiento por grupos delictivos.

Yahaira Mina Mina, directora de la Escuela, describe este proceso como un "milagro cotidiano". El reto, sin embargo, es que los milagros requieren gestión y recursos. La formación integral —que incluye desde el préstamo del instrumento hasta el acompañamiento pedagógico— tiene costos que la voluntad por sí sola no puede cubrir.

Desepaz: Cuando el arte le gana el pulso a la exclusión en el oriente de Cali
     Foto: Comuniccaciones escuela de  música de Cepaz 

¿Cómo pasar de la admiración a la acción?

El análisis crítico de la situación cultural en Cali nos muestra que, aunque el talento sobra, la financiación suele ser el cuello de botella. Por ello, la Escuela ha lanzado una ofensiva de solidaridad para que la sociedad civil se involucre directamente:

Plan Padrino: Una inversión de $3.000.000 anuales garantiza que un estudiante tenga todo lo necesario (clases y materiales) para su formación.

Micro-donaciones digitales: A través de la plataforma Vaki (vaki.co/es/vaki/desepaz-toca-el-corazon), cualquier ciudadano puede aportar desde montos mínimos.

Aportes corporativos: Donaciones directas a Proartes, la entidad que respalda legalmente el proyecto (NIT: 890317713-4).

Invertir en armonía

Apoyar a Desepaz no es un acto de caridad; es una inversión estratégica en la seguridad y el tejido social de Cali. Cada nota que sale de la Comuna 21 es un argumento a favor de la paz que tanto se pregona en los discursos, pero que solo se construye con oportunidades reales. Si la música se detiene en Desepaz, la ciudad pierde una de sus batallas más importantes contra la desigualdad.


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