La reciente exclusión de Iván Cepeda de la consulta del "Frente por la Vida" ha sacudido el tablero político colombiano, dejando a Roy Barreras en el centro de una tormenta de críticas y sospechas que ponen a prueba la cohesión de la coalición de gobierno.
Por: Paulina Arango M
Cali, febrero 7 del 2026. La política colombiana vive días de alta tensión tras la decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) de frenar la participación de Iván Cepeda en la consulta interna del progresismo. Este movimiento telúrico ha provocado que todas las miradas se posen sobre un solo hombre: Roy Barreras. El embajador y experimentado político vallecaucano es señalado por sectores radicales como un infiltrado de la política tradicional, mientras que otros lo ven como el único puente capaz de evitar el aislamiento del proyecto de Gustavo Petro.
El impacto en el tablero nacional
Para entender qué significa este "ruido" político en la vida del ciudadano de a pie, debemos analizar las tres dimensiones del fenómeno Barreras: La figura de Roy Barreras encarna el pragmatismo puro. Ha transitado por el uribismo, el santismo y ahora el petrismo, lo que le ha ganado el apodo del "rey del camuflaje". Esta movilidad genera una profunda desconfianza en la base electoral que busca un cambio radical. Si Barreras se consolida como la figura central ante la ausencia de Cepeda, el sector más ideológico del progresismo podría sentirse traicionado, debilitando la unidad necesaria para las próximas elecciones.
El sentimiento de exclusión
Cuando las decisiones judiciales o administrativas (como la del CNE) alteran las opciones de voto, el ciudadano siente que las reglas del juego no son iguales para todos. La exclusión de figuras como Cepeda refuerza la narrativa de que "el sistema" bloquea a los líderes sociales. Esto puede derivar en apatía electoral o, por el contrario, en una polarización más aguda en las calles y redes sociales, afectando la convivencia ciudadana.
La señal de estabilidad vs. incertidumbre
Curiosamente, lo que para unos es "traición", para los mercados y sectores empresariales es "tranquilidad". Roy Barreras es visto internacionalmente —especialmente en Washington— como un político con el que se puede negociar. Una mayor influencia de su sector podría significar políticas económicas más moderadas, lo que tiende a estabilizar el dólar y la inversión extranjera, impactando indirectamente en el control de la inflación que afecta el bolsillo de todos los colombianos.
¿Quiénes ganan y quiénes pierden?
Los más afectados por este ajedrez político son los sectores de base del progresismo, quienes ven en Iván Cepeda una representación directa de sus luchas históricas por los derechos humanos y la tierra. Para ellos, el ascenso de Barreras se percibe como una "dilución" de sus ideales.
Por otro lado, los sectores moderados y la diplomacia internacional ven en Roy a un "mal necesario". Alguien capaz de hablar con los gremios y potencias extranjeras que miran con recelo las reformas más profundas del presidente Petro.
¿Hacia dónde vamos?
El futuro a corto plazo presenta dos caminos claros: Barreras logra sortear la resistencia interna y se convierte en el heredero del capital político de Petro, atrayendo al centro pero arriesgando el entusiasmo de las bases. O La presión contra el "camaleonismo" de Roy crece tanto que la coalición se divide, permitiendo que fuerzas de oposición recuperen terreno ante un progresismo fragmentado.
La política, más allá de los nombres y los clanes, es la herramienta para mejorar la vida de la gente. El caso de Roy Barreras nos invita a preguntarnos como ciudadanos: ¿Preferimos la pureza ideológica que a veces se bloquea a sí misma, o el pragmatismo que logra resultados pero sacrifica la identidad? En la respuesta a esa pregunta se definirá el rumbo de Colombia en los próximos años.

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