Mientras el bordado de Cartago brilla en pasarelas de Nueva York de la mano de maestras como Mercedes López, el oficio enfrenta el reto de sobrevivir al relevo generacional y a la producción industrial.
Foto: Comunicaciones Gobernación del Valle del Cauca
Por: Paulina Arango M
Cartago,Valle del Cauca, febrero 7 2026. . – En el norte del Valle, el tiempo parece detenerse cuando una aguja atraviesa el dacrón o el lino. Mercedes López, una maestra bordadora que lleva el oficio en el ADN, es hoy el rostro de una tradición que nació en 1540 y que, contra todo pronóstico, sigue respirando. Pero detrás de la belleza de una blusa calada, hay una realidad compleja: ¿cómo mantener vivo un arte manual en la era de la inmediatez?
Del patio de la casa a la Quinta Avenida
Mercedes no solo borda; ella narra. Aprendió viendo a su madre y a su abuela, en una cadena de conocimiento que hoy la ha llevado desde los talleres de Cartago hasta el New York y Dallas Fashion Week. Este salto no es menor. Gracias al impulso de plataformas como Cali Distrito Moda y el apoyo de la Gobernación del Valle, el bordado dejó de ser "el mantel de la abuela" para convertirse en un objeto de lujo artesanal.
Foto: Comunicaciones Gobernación del Valle del Cauca"El bordado es un arte que sale del corazón, es inspiración y color", dice Mercedes. Pero esa inspiración hoy tiene que competir con precios internacionales y estándares de alta costura.
El impacto en el bolsillo y la identidad
Para el habitante común del Valle, el bordado de Cartago es más que un adorno; es un motor económico. Cientos de familias dependen de que una prenda se venda bien. Si el bordado se queda solo en el municipio, muere. Si sale al mundo, se dignifica el pago a la artesana.
Sin embargo, el reto es el relevo. Mercedes dedica gran parte de su tiempo a la enseñanza, consciente de que si las nuevas generaciones no ven el bordado como una opción de vida rentable, la técnica se perderá en los libros de historia.
¿Qué nos queda?
El éxito de Mercedes López y el respaldo de la Gobernación del Valle del Cauca, son victorias necesarias, pero el futuro del bordado depende de nosotros como consumidores. Entender que una pieza bordada a mano no es "cara", sino valiosa por el tiempo y la historia que contiene, es el primer paso para que esta tradición no sea solo un recuerdo del pasado.
El bordado de Cartago construye futuro, sí, pero solo si logramos que las manos jóvenes quieran seguir sosteniendo la aguja.


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