La Armada de Colombia intensifica labores de rescate y entrega de ayudas en Córdoba y el Urabá antioqueño tras el desbordamiento de los ríos Sinú y Atrato.
Foto: Comunicaicones
.Por: Paulina Arango M
14 de febrero de 2026
El agua no da tregua, y cuando el río reclama su espacio, el rastro de la tragedia suele ser el mismo: el silencio de los cultivos inundados y el eco de las familias que lo han perdido casi todo. Hoy, en el Caribe colombiano, la naturaleza ha vuelto a pasar factura. Un frente frío, persistente y voraz, ha provocado el desbordamiento de los ríos Sinú y Atrato, dejando a su paso a más de 11.000 familias damnificadas en una geografía que oscila entre el lodo y la esperanza.
Desde los municipios de Lorica, Montería y Cereté en Córdoba, hasta Vigía del Fuerte y Murindó en Antioquia, la Armada de Colombia ha tenido que transformar su vocación de vigilancia en una de supervivencia extrema, desplegando sus capacidades operativas y humanas para contener una crisis que amenaza con desbordar, también, la capacidad de respuesta civil.
Córdoba: El muro de contención contra el desbordamiento del Sinú
En el departamento de Córdoba, la situación es crítica pero la resistencia es férrea. El Batallón de Infantería de Marina No. 14 y el GAULA Militar Sucre han asumido una tarea que parece de Sísifo: contener el avance del río Sinú con la fuerza de sus manos. Hasta el momento, se han ubicado más de 4.000 sacos de tierra para reforzar jarillones y barreras de contención en los puntos más vulnerables.
La logística no es menor. El despliegue incluye botes ligeros tipo Zodiac y embarcaciones de bajo calado que navegan por calles convertidas en canales, junto a camiones y vehículos tácticos que han transportado cerca de 20 toneladas de ayuda humanitaria. No se trata solo de entregar cajas; se trata de llegar a donde el Estado, en condiciones normales, a veces olvida llegar.
Rescate y evacuación: La vida en el centro de la operación
Bajo la coordinación de la Compañía de Atención de Riesgo y Desastres, y en un trabajo articulado con la UNGRD y autoridades locales, se ha logrado el traslado seguro de familias que quedaron atrapadas por el agua. Pero hay un detalle que revela la profundidad humana de esta misión: el rescate no se limitó a las personas. En un gesto de respeto por la vida en todas sus formas, las unidades lograron evacuar a 15 mascotas, incluyendo perros, gatos, gallinas y conejos. Para una familia campesina, salvar a sus animales no es un asunto menor; es salvar su afecto y su sustento.
El Atrato y la odisea humanitaria en el Urabá antioqueño
Mientras el Sinú golpea el centro de Córdoba, hacia el occidente, el río Atrato impone su propia ley. En Antioquia, la Armada ha movilizado más de 30 toneladas de suministros esenciales a bordo de las Patrulleras Fluviales ARC “CPCIM Guillermo Londoño Vargas” y ARC “SSCIM Senén Alberto Araujo Bello”.
Estas unidades han navegado las arterias fluviales del Urabá para entregar kits de alimentos y aseo en comunidades rurales de Turbo, Murindó y Vigía del Fuerte, donde la conectividad terrestre es un mito y el río es el único camino posible. Son cientos de familias las que hoy dependen de que estas embarcaciones logren atracar a tiempo con lo básico para sobrevivir un día más.
Un esfuerzo humano frente a la adversidad climática
Detrás de las cifras y los nombres de las embarcaciones, hay rostros. Aproximadamente 150 Infantes de Marina se relevan sin descanso, trabajando en los jarillones y acompañando el Puesto de Mando Unificado (PMU) para que la ayuda no se pierda en la burocracia, sino que llegue al damnificado.
"La Institución Naval reafirma su compromiso con la protección de la vida y el bienestar de las comunidades, trabajando sin descanso por la seguridad de la población en las zonas ribereñas", señala el espíritu de las declaraciones oficiales emitidas desde la Fuerza Naval del Caribe. Es una declaración de principios en medio del barro.
La emergencia que hoy enfrentan Córdoba y Antioquia no es un evento aislado ni una sorpresa del destino; es la crónica de una vulnerabilidad anunciada. Si bien la respuesta de la Armada de Colombia es ejemplar y necesaria, nos obliga a preguntarnos hasta cuándo la capacidad de nuestros militares será el único dique contra la falta de infraestructura y planeación climática estructural.
La solidaridad no puede ser el único plan de contingencia. Mientras las aguas bajan, queda la urgencia de una reflexión profunda sobre nuestra relación con el territorio y la responsabilidad del Estado en la prevención. Hoy salvamos vidas y mascotas, pero mañana, el río volverá a crecer. La pregunta es si, para entonces, habremos construido algo más sólido que muros de sacos de arena. Es una deuda pendiente con esas 11.000 familias que hoy solo tienen el horizonte de un río desbordado.


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