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Flores colombianas: 70.000 toneladas a prueba

La exportación de flores sostiene el 70 % del mercado de EE. UU. y desafía la infraestructura nacional


Flores colombianas: 70.000 toneladas a prueba



.Por: Paulina Arango M

El 14 de febrero de 2026 no solo activa el comercio global del romance; también pone a prueba la arquitectura logística y económica de Colombia. Este año, el país proyecta exportar 70.000 toneladas de flores hacia más de 100 destinos, con Estados Unidos como principal comprador. La operación se concentra en la Sabana de Bogotá y Antioquia, y tiene su punto neurálgico en el Aeropuerto Internacional El Dorado, donde durante la temporada alta pueden despegar hasta 40 vuelos diarios cargados exclusivamente con flores.

La magnitud del reto responde a una realidad contundente: Colombia abastece cerca del 70 % de las flores que se venden en Estados Unidos durante San Valentín. De cada diez tallos que circulan en ese mercado, seis son de origen colombiano. La pregunta no es solo cómo se logra, sino cuánto puede sostenerse ese liderazgo sin una expansión proporcional de la infraestructura.

Exportación de flores en Colombia: cifras que sostienen la balanza

Colombia es el segundo exportador mundial de flores y el primero en claveles. La industria llega a más de 100 países y se ha consolidado como uno de los pilares de las exportaciones no minero-energéticas.

El envío de 70.000 toneladas en pocas semanas no es una cifra decorativa: representa una inyección crucial de divisas y un respaldo directo a miles de empleos formales en zonas rurales.

Un vocero del sector exportador lo resume con precisión técnica: “San Valentín no es una temporada más; es el momento que define nuestro flujo de caja anual”.

El peso económico es evidente. Pero detrás de la estadística hay una cadena productiva que depende de una sincronización casi quirúrgica.

El desafío de los 40 vuelos diarios

Durante el pico de exportaciones, la terminal aérea debe procesar hasta 40 operaciones diarias dedicadas exclusivamente a flores. Cada vuelo es una ecuación de tiempo, temperatura y coordinación aduanera.

El tránsito desde los cultivos hasta la pista exige transporte refrigerado continuo. Una ruptura en la cadena de frío compromete la calidad del producto y, con ello, la reputación construida durante décadas bajo la marca sectorial “Flowers of Colombia”.

ventaja competitiva y riesgo latente

La flor es un producto biológico. Su frescura depende de mantener temperaturas constantes desde el corte hasta la entrega final. Una rosa colombiana puede recorrer miles de kilómetros en menos de 48 horas. Esa velocidad es una proeza logística, pero también una vulnerabilidad estructural.

Un retraso en pista o una congestión inesperada no solo encarece la operación; puede traducirse en pérdidas de calidad y reclamaciones comerciales.

 El rostro femenino del sector floricultor

La industria floral no solo exporta tallos; exporta estabilidad social. Es una de las mayores generadoras de empleo formal rural, con alta participación de mujeres cabeza de familia.

En municipios de Cundinamarca y Antioquia, la floricultura se ha convertido en una alternativa económica frente a la informalidad agrícola tradicional. Los ingresos derivados de la temporada alta repercuten en educación, consumo local y sostenibilidad familiar.

“Para muchas trabajadoras, esta temporada define el año escolar de sus hijos”, explica una representante gremial consultada para este análisis.

La dependencia del mercado estadounidense —donde Colombia domina el 70 % de la oferta en esta fecha— implica que cualquier alteración comercial o logística impacta directamente en el tejido social rural.

Competitividad y futuro: ¿infraestructura suficiente?

El liderazgo global no es una garantía permanente. La infraestructura aeroportuaria, los costos logísticos y la competencia internacional exigen inversión constante.

Colombia ha construido una ventaja basada en ubicación geográfica, calidad agrícola y experiencia exportadora. Sin embargo, operar al límite puede convertir la fortaleza en fragilidad.

La expansión de capacidad en terminales de carga y la modernización tecnológica no son lujos estratégicos; son condiciones para sostener la competitividad.

Más que pétalos, una responsabilidad nacional

Las 70.000 toneladas proyectadas para 2026 no son solo un récord logístico; son un examen estructural. Colombia ha demostrado que puede enamorar al mundo con la calidad de sus flores. Ahora debe demostrar que puede respaldar ese liderazgo con infraestructura sólida y políticas coherentes.

No podemos depender cada febrero de la pericia extraordinaria de nuestros operadores logísticos como si se tratara de una hazaña heroica anual. El éxito sostenido exige planeación de largo plazo.

Como país, debemos asumir que la floricultura no es un sector ornamental de la economía: es un eje estratégico de empleo, divisas y reputación internacional. La competitividad no puede florecer sobre bases frágiles.

Si queremos que Colombia siga dominando el mercado global, debemos invertir con la misma disciplina con la que nuestros trabajadores cultivan cada tallo. Porque en el fondo, el verdadero viaje no es el de la rosa hacia Nueva York; es el de una economía que decide si quiere seguir creciendo al límite o consolidarse con visión de futuro.

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