Obras viales en la zona rural de Buga transformarán la economía y la vida de 130.000 vallecaucanos.
Comunicaciones Gobernación del Valle del CaucaPor: Paulina Arango M
Regional | 14 de febrero de 2026
BUGA, Valle del Cauca. – En el corazón agrícola de Buga, donde el verde de las montañas se funde con el sudor de quienes labran la tierra, el aislamiento ha sido, por décadas, el muro invisible que detiene el progreso. Sin embargo, este 14 de febrero de 2026, la narrativa del abandono parece haber encontrado un punto de giro. La gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, oficializó una inversión estructural que no solo busca pavimentar caminos, sino conectar la dignidad campesina con los mercados urbanos.
El ambicioso plan de infraestructura vial, que incluye la construcción de placa huella en el sector de El Derrumbado y el programa de cintas huellas, impactará directamente a más de 130.000 habitantes. No se trata de una cifra menor; es la apuesta por rescatar la vocación agrícola y potenciar un turismo deportivo que ya respira en las laderas del municipio.
El motor del desarrollo en El Derrumbado
El sector de El Derrumbado no es solo un corredor geográfico; es un símbolo de resistencia. Su cercanía con el casco urbano lo ha convertido en un imán para ciclistas y atletas, pero su precario estado vial limitaba su expansión. Con la implementación de la placa huella, la administración departamental busca integrar este puente con la parte alta del sector.
“Este proyecto es fundamental porque va a servir para integrar ese puente con todo este corredor... se va a poder hacer atletismo, ciclismo y recreación familiar. Es una obra que beneficia a más de 130 mil personas”, afirmó la gobernadora Toro durante su encuentro con los líderes locales.
La visión es clara: convertir la infraestructura en un catalizador de turismo sostenible, permitiendo que el deporte sea la puerta de entrada para nuevos ingresos económicos en la región.
El modelo de gestión comunitaria: Cintas huellas y acción local
A diferencia de las grandes licitaciones que suelen perderse en la burocracia, el programa de cintas huellas en Buga destaca por su enfoque participativo. Trabajando mano a mano con las Juntas de Acción Comunal (JAC), se intervendrán sectores críticos en:
Veredas: San Antonio, Los Medios, El Manantial y Guadualejo.
Corregimientos: La Magdalena, Zanjón Hondo y Pueblo Nuevo.
Este modelo no solo reduce costos, sino que empodera al ciudadano. Para Gloria Orjuela, habitante de la vereda Guadualejo, la obra trasciende el cemento: "Es dignificar la vida en el campo. Es facilitar el acceso de nuestros niños a la escuela y mejorar la movilidad de nuestras familias".
Comunicaciones Gobernación del Valle del CaucaEl impacto en la despensa agrícola del Valle
Buga es tierra de café, cítricos, mora, plátano y yuca. Es, además, un enclave vital para la avicultura y la ganadería. No obstante, un productor sin vía es un productor condenado a la pérdida. Dario Hidalgo, de la vereda Los Medios, fue enfático al señalar que, hasta hoy, llegar a las veredas era, literalmente, "una tragedia".
El mejoramiento de estas vías secundarias y terciarias tiene tres consecuencias inmediatas:
Reducción de costos de transporte: Menor tiempo de viaje significa productos más frescos y competitivos.
Seguridad Alimentaria: Estabiliza el flujo de insumos y salida de cosechas.
Salud y Educación: Garantiza que las misiones médicas y el transporte escolar no queden atrapados en el lodo.
El cemento que se traduce en dignidad
La infraestructura vial en las zonas rurales de Colombia ha sido, históricamente, la deuda eterna del Estado. Lo que vemos hoy en Buga es un ejercicio de justicia territorial. No se puede hablar de paz ni de desarrollo mientras el campesino dependa de la clemencia del clima para sacar su cosecha al mercado.
La apuesta de la Gobernación del Valle debe ser mirada con lupa, no solo por la inversión, sino por la sostenibilidad de las obras. El éxito de estas cintas huellas dependerá de que el mantenimiento sea tan riguroso como su construcción. Es hora de que el campo deje de ser el "patio trasero" y se convierta en la fachada principal de nuestro progreso. La pregunta para la reflexión colectiva queda abierta: ¿Estamos listos como sociedad para valorar el esfuerzo de quienes, ahora con mejores vías, seguirán alimentando a las ciudades?


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