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Petro ordena derribar jarillones para salvar a Córdoba

Recuperación de la Ciénaga Grande: el plan para frenar las inundaciones.

Petro ordena derribar jarillones para salvar a Córdoba
En San Sebastián, Lorica, el mandatario supervisa el inicio de la remoción de diques que asfixiaron los humedales durante década. Foto Joel Gónzales

Por: Redacción RMC   |  1 marzo de 2026

El pasado viernes primero de marzo, el presidente Gustavo Petro aterrizó de sorpresa en el corregimiento de San Sebastián, en Lorica, un punto crítico del bajo Sinú que hoy se encuentra bajo el agua. Lo que encontró no fue solo el rastro de un frente frío que ha castigado a 25 de los 32 municipios de Córdoba, sino la evidencia de un conflicto histórico entre la naturaleza y la propiedad privada. Ante la emergencia, el mandatario ha tomado una decisión radical: ordenar la remoción de diques y jarillones para devolverle a la Ciénaga Grande su cauce natural, desafiando la desecación sistemática de humedales para fines ganaderos.

El pulso entre la ganadería y el agua en el bajo Sinú

La crisis en Córdoba no es un accidente meteorológico aislado, sino el resultado de décadas de intervención humana sobre los ecosistemas. Según denuncias del propio jefe de Estado, más de 50.000 hectáreas de ciénagas han sido desecadas con el objetivo de convertirlas en haciendas ganaderas. Esta práctica, que utiliza jarillones para bloquear el flujo hídrico, ha dejado a poblaciones como Lorica en una vulnerabilidad absoluta ante el cambio climático.

El mandatario fue enfático al señalar que "siempre el agua dominará la ingeniería humana" y que, ante una crisis climática que genera olas de agua cada vez más grandes e inesperadas, la única solución real es "dejar el espacio al agua". La orden es clara: identificar y eliminar aquellas estructuras que impiden que el líquido fluya hacia sus depósitos naturales.

El rol de la Agencia Nacional de Tierras y el campesinado

Para ejecutar este ambicioso plan de restauración, Petro no solo ha dado instrucciones técnicas, sino que ha convocado a una movilización social. Ha pedido al campesinado de Córdoba y Sucre que, bajo la dirección de la Agencia Nacional de Tierras (ANT), señalen los puntos exactos donde se encuentran los diques ilegales que han asfixiado a las ciénagas.

El apoyo físico de la población de San Sebastián

En un tono que mezcla la urgencia administrativa con la narrativa de la lucha popular, el presidente solicitó el "apoyo físico" de los habitantes de San Sebastián para recuperar la Ciénaga Grande. "Con el apoyo del pueblo se limpian los caños que permiten recuperar el flujo del agua", afirmó a través de sus redes sociales, destacando que la remoción de estas barreras ya ha comenzado en algunas zonas estratégicas.

Consecuencias y contexto de una medida sin precedentes

La remoción de jarillones busca un territorio más resiliente. Al restablecer la Ciénaga Grande, se espera que el casco urbano de Lorica y otros municipios del bajo Sinú cuenten con una protección natural contra las crecientes del río. Sin embargo, esta medida también supone un enfrentamiento directo con los intereses de los propietarios de las grandes haciendas que se beneficiaron de la desecación de estos cuerpos de agua durante años.

La postura del gobierno es que el bienestar colectivo y la seguridad climática deben primar sobre la expansión ganadera en zonas de humedal. Es un giro en la gestión de desastres: pasar de la contención inútil mediante muros a la adaptación inteligente mediante la restauración ecosistémica.

Un retorno necesario a la lógica de la tierra

La decisión de intervenir los jarillones en Córdoba es más que una medida de emergencia; es un acto de justicia con la geografía de nuestro país. Durante años, hemos intentado domesticar el agua para favorecer la rentabilidad de unos pocos, ignorando que los humedales son el pulmón y el seguro de vida de las comunidades ribereñas. Recuperar la Ciénaga Grande no es solo un imperativo técnico frente a la crisis climática, sino un compromiso ético para garantizar que el progreso no se construya sobre el riesgo de los más vulnerables. Es momento de entender que convivir con el agua, y no luchar contra ella, es la única vía para nuestra supervivencia como sociedad.


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